El indio no mata, lo que mata es la flecha.
Si te pica una salamanquesa, prepara el ataúd y la mesa.
Un hombre cojo aún puede montar a caballo, un hombre sin manos aún puede pastorear ovejas y un hombre sordo aún puede matar; mejor es estar ciego que arder en la pira funeraria. Son los muertos quienes no pueden hacer nada.
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
Afanar y no medrar es para desesperar.
Viejo que buen vino bebe, tarde muere.
Moza que anda mucho por lo oscuro, si no ha pecado es porque no pudo.
A quien no la teme, nada le espanta.
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
Más vale dejar en muerte a un pillo un duro, que pedir en vida una peseta a un hombre de bien.
No hay peor tiempo que aquel que viene a destiempo.
Se no San Martiño non matas cocho ou año, coa fame levarate o diaño (Si en Noviembre no matas cerdo o cordero, de hambre te llevará el demonio).
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
El que vive prevenido, nunca sufre decepciones.
Más mueren de ahítos que de aflitos.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Nunca se olvidan las lecciones aprendidas en el dolor.
Alma sin amor, flor sin olor.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Quien presta, no cobra; si cobra, no todo, y si todo, no tal, y si tal enemigo mortal.
Más vale burro vivo que sabio muerto.
Bastante colabora quien no entorpece.
El ratón que no tiene más que un agujero, presto llega al moridero.
Virgo y mocedad no vuelven nunca cuando se van.
Tesoro y pecado nunca están bien enterrados.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
No hay cosa tan buena como la salud, ni tan mala como el ataúd.
Faltará la madre al hijo, pero no la niebla al granizo.
El que se convida, fácil es de hartar.
Bota vacía la sed no quita.
Porfía mata venado, que no venablo.
Paciencia piojo que la noche es larga.
El rico nunca está satisfecho.
Es una pena ser viejo, pero no lo es todo el que quiere.
La comprensión siempre llega más tarde.
El que no tiene mujer, cada día la mata; más quien la tiene, bien la guarda.
El infierno no sirve para quemar paja.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Donde se pace, que no donde se nace.
Al enemigo honrado, antes muerto que afrentado.
No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que los aguante.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
Quien tiene madre, muérasele tarde.
En las cosas del espíritu el que no avanza, retrocede.
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
Casa en que no hay un viejo, no vale un arvejo.
No ha nacido aún quien cuide lo ajeno.
Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.
No puede ser precavida, quien no sabe de la vida.
No entres de golpe en casa ajena: llama a la puerta y espera.