Quien habla de lo que no debe, escucha lo que no quiere.
Negocios largos, nunca bien acabados.
Tiran más dos tetas, que los bueyes de dos carretas.
Un indio menos, una tortilla mas.
El que buen salto da, a sus pies se atiene.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
Ama a quien no te ama, responde a quien no te llama, andarás carrera vana.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
La excepción no hace la regla, sino que estará fuera de ella.
Don sin Din, gilipollas en latín.
Los niños, ni ocultan mentiras, ni callan verdades.
El olor de la agena fama, al envidioso atafaga.
El agua cuesta arriba dura poco, y menos el amor de niño y loco.
El que con locura ama, nunca llega hasta la cama.
La mano que no puedes morder, bésala.
La promesa debe ser cumplida y la acción debe tener resultado.
A dos puyas no hay toro bravo.
De las angustias, la muerte; de las fieras, las mujeres.
Si la vida te da la espalda, puntéatela.
Después de la remolacha, ni vino ni muchacha.
Nadie puede atar las lenguas a las gentes.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
Bromas pesadas nunca sean dadas.
En las siembras y en la trilla, el amor con zancadilla.
Los golpes hacen silencio.
El mal hablar es semilla del mal obrar.
Los que temen una caída están medio vencidos.
Irse de picos pardos.
El lobo y la oveja, nunca hacen pareja.
La intención es lo que vale.
Padre millonario y trabajador, hijo vago y malgastador.
El que pide y no da, siempre algo tendrá.
Agua de marzo, pero que la mancha en el sayo.
Errando errando, se va acercando.
A caballo nuevo jinete viejo.
De persona palabrera, nunca te creas.
Se lastiman a sí mismos los que hacen daño a los demás.
Quien corre con más alarde, o no llega, o llega tarde.
Desnudar un santo para vestir otro, es de bobos.
Quien bien quiere a Beltrán, bien quiere a su can.
Jamás se ha quedado el oro de ser robado.
Felicidad y cristal: ¡cuán fácilmente se quiebran!
Todo gran amor no es posible sin pena.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Nadie entre en el bien sino mirando cómo ha de salir de él.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
Bebido el vino, perdido el tino.
Entre tres la tenían y ella meaba, y no meaba a gusto la condenada.
Cada oveja con su pareja.
Si el camello pudiera verse la joroba, se caería al suelo de vergüenza