La muerte a unos da buena a otros mala suerte.
Mientras mees claro y pees fuerte no le temas a la muerte.
Se está ahorcando con su propia soga.
Ahí lo tienes, si te condenas, que te condenes.
La piel del leopardo es bonita, pero su corazón malvado.
En San Antón, calabazas al sol.
Cosa muy querida, presto perdida.
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
Buscaba el necio su asno y lo llevaba debajo.
Más groso que el Guelpa.
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
A calza corta, agujeta larga.
Amor es demencia, y su médico, la ausencia.
Aquí jodido, pero usted no tiene la culpa.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
Quien mucho se baja, el culo enseña.
Al cielo nadie va con ojos secos.
En el pecado se lleva la penitencia.
La mejor suegra, la muerta.
Necios y gatos son desconfiados.
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
Albañil seas y en el cierre de un tejado te veas.
De todos es la huerta que no tiene cerca ni puerta.
Sácame de aquí y degüéllame allí.
El que deja una herencia, deja pendencias.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
Variante: Acuérdate, nuera, que serás suegra.
Bolsa sin dinero, llámola cuero.
Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
La que de treinta no sacó novio, tenga el humor del demonio.
La olla en el sonar, y el hombre en el hablar.
Mendigo y carbonero oficio de pocos dineros.
La mujer mala es como la falsa moneda que de mano en mano va y ninguno se la queda.
De mercader a ladrón, un escalón.
Ante la duda, la más madura.
Enemigos me de Dios, y amigos no.
Agua a la entrada de la Luna, mucha o ninguna.
De oveja negra, borrego blanco.
A veces un veneno, para sacar otro es bueno.
Son cucarachas del mismo concolo.
Faena que tu bolsillo llena, buena faena.
Más vale dejar a los enemigos que pedir a los amigos.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
La hacienda bien ganada con afán se guarda.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.