Teta que mano no cubre, no es teta, sino ubre.
Mal te quiere quien siempre te alaba y nunca te reprende.
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
Castigo de uno, escarmiento de muchos.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
No hay buena salud donde no entra buena luz.
Me traen por la calle de la amargura.
Al roble no le dobles.
Gallina ponedora y mujer silenciosa, valen cualquier cosa.
Al mejor pastor, el lobo le roba una oveja.
Otoño entrante, uvas abundantes.
Viento del solano, agua en la mano.
Después del gusto, que venga el susto.
Genio y figura hasta la sepultura.
Viuda que no se consuela, será por pobre o por fea.
La pobreza es dura carga, pero hace callo a la larga.
La ambición y la venganza siempre están hambrientas.
El pudor de la doncella la hace aparecer más bella.
A quien nada quiere, todo le sobra.
Amigo que no da, y navaja que no corta, si se pierden poco importa.
El que a dos amos atiende, a uno le queda mal.
De tierra de alacranes, pocos panes.
Las maldiciones son como las procesiones; por donde salieron vuelven a entrar.
Darle a uno mala espina.
Quien habla siembra, quien escucha cosecha.
Cual andamos, tal medramos.
Reniega del amigo que se come lo tuyo contigo y lleva lo suyo consigo.
En la paz y en la guerra, el que matan muerto queda.
Variante: En nombrando al rey de Roma, por la puerta asoma.
De lo que no sabes, no hables.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
Toda carne es sospechosa, más la muerta es venenosa.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
El que tiene su cohombro, que se lo eche al hombro.
Labrador lunero, pierde el fruto y pierde el tiempo.
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.
Ropa dominguera, del portal pa fuera.
Quien sabe, sabe.
Hombre bermejos, ni de cerca ni de lejos.
Como es la madre, así es la hija.
El muerto al pozo y la viuda al gozo.
El que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro.
Es ilusión fementida, un mundo a nuestra medida.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
El mal entra a brazadas y sale a pulgaradas.
Cual el tiempo, tal el tiento.
Las armas sofisticadas, muy listas y camufladas.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
Mal hace quien nada hace.