Nadie aprecia el bien que tiene, mientras que no lo enajene.
Estudiante y diablo, una misma casa con dos bocados.
Escarmentar en cabeza ajena es lección barata y buena.
No es pobre el que poco tiene, pero sí lo es el que vive con gran avidez.
Trocar un real por otro no acrecienta dinero.
Más vale juzgar entre enemigos que entre amigos.
La edad primero que la belleza.
El llanto es el privilegio del hombre.
Cada uno cuenta la feria como le ha ido.
Si en verdad eres estrella, no te alumbres con tea.
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
El mozo bien criado no habla sino cuando es preguntado.
A abad sin ciencia y sin conciencia, no le salva la inocencia.
Madrastra, ni de cera ni de pasta.
Demasiada amistad genera enfados
Amigo, mientras te lo digo, que una hora después, otra cosa es.
La ociosidad enseña muchas maldades.
El que siembra en tierra ajena, hasta la semilla pierde.
Eres lo que comes.
Hija que casas, casa que abrasa.
Quien anda con buenos, parece uno de ellos.
Tal vendrá que tal te quiera.
Malo es errar, pero peor es perseverar.
Afeminados espíritus engendra la avaricia.
No te creas caballero porque te llamen don Dinero.
Amor no quita conocimiento.
Olivo, oliva y aceituno, todo es uno.
La astucia del que no tiene astucia es la paciencia.
Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
Justo es que pierda lo suyo, quien robar quiso lo tuyo.
Amigos que no dan y parientes que no lucen, a pelotazos que los desmenucen.
Viajar con un amigo hace amar la vida
Si has obtenido la riqueza con falsos juramentos, tu corazón será pervertido por tu vientre.
Dulce y vino, borracho fino.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
Antes de que acabes, no te alabes.
Se olvida una buena acción, y no un buen bofetón.
Al buen corazón la fortuna le favorece.
Barriga llena, no cree en hambre ajena.
Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.
Una familia unida come del mismo plato.
De baldón de señor, o de marido, nunca zaherido.
Tan sano es el trabajo, como en la sopa el ajo.
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
El más piadoso se alegra, al ver su rival en quiebra.
De tal palo tal astilla.
No hay más sordo, que quien no quiere oir.
Habla poco, anda grave y parecerá que sabes.
Cada cosa nace para su semejante.
De tales devociones, tales costurones.