Agua que va río abajo, arriba no ha de volver.
Amor antiguo no se oxida
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
Pan candeal no hay otro tal.
Cada dueño tiene su sueño.
Para hacer buen apetito, hay que aguantar un poquito.
Hasta el peor papel tiene necesidad de ser bien interpretado.
El vino comerlo, y no beberlo.
El enemigo es grande si se lo ve de rodillas.
No pidas que otro haga lo que tu puedes hacer.
Más enseña la necesidad que diez años de universidad.
Lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana.
Las flores y la ocasión, son de poca duración.
Zapato os daré que tengáis que romper.
Que tires para abajo, que tires para arriba, siempre se hara lo que tu mujer diga.
Yo le puedo dar de comer, pero hambre no le puedo dar.
Empieza a cuidar la naturaleza y la naturaleza cuidará de ti.
La mujer mezquina, debajo de la escama, haya la espina.
Ligero como el ave de San Lucas.
Más chulo que un ocho.
¿Vas a seguir, Abigaíl?.
La mujer que de día calla por la noche manda.
Más barato es cuidar que edificar.
Quien no oye consejo no llega a viejo.
Al pesar por el bien ajeno, llaman envidia y es veneno.
Encaja como pedrada en ojo de boticario.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Vive cantando, muere llorando.
Es amor mal entendido el que no corrige a un hijo.
Está como padre, que le llevan la hija.
Casa de esquina, ni la compres ni la vivas.
Guarda bien: pero no tanto que no halles lo guardado.
Por la peana se adora al santo.
Dar la última mano.
Cada cual a su manera, se combate la piojera.
Nunca se pierden los años que se quita una mujer; van a parar siempre a cualquiera de sus amigas.
Donde entra el aire y el sol, no entra el doctor.
Bien me quiere mi suegra, si de mi mal no se alegra.
El buen obrero, encuentra trabajo en cualquier agujero.
Quien no canea, calvea.
Barro y cal, encubre mucho mal.
Pajes; mozos y era Perico solo.
A buen puerto vas por agua.
Azúcar y canela, hacen a la vida buena.
De Jaén, o fuleros o malajes.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
Agua de marzo, pero que la mancha en el sayo.
Lo malo nunca es barato.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
Cada cual conoce el trote de su caballo.