Amigos y compadres búscalos entre tus iguales.
Los pies van donde va el corazón
Quien ama sin placer, quien bebe sin sed y quien come sin hambre, poco vive
Casa sin sol, hace que el médico entre a todas horas.
Del cerdo me gustan hasta los andares.
El que a otro quiere engañar, el engaño en él se puede tornar.
No hay nada peor que un maricon resentido.
Lo que se consigue en la niñez, crece y agrada después.
Dame rojura y te daré hermosura.
Pronto y bien no hay quien.
Con rastra y soltera, tenla por ramera.
Tienes más cara que un saco perras.
Las estrellas inclinan pero no obligan.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
Cada uno es muy libre de hacer de su capa un sayo.
Dame venta y te daré cuenta.
El que no está contra ti, está contigo.
Del empréstito, a veces, o ganarás amigo, o le pierdes.
Es lícito responder a la fuerza con la fuerza
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
O faja o caja.
Las oportunidades no se pierden, siempre hay alguien que aprovecha lo que uno deja pasar.
Gente de navaja, poco trabaja.
De tal jarro, tal tepalcate.
La buena solera hace el vino de primera.
Como mi padre es rico, no quiero cerrar el pico.
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
No es lo mismo ser que haber sido.
El que necesita, te visita.
En casa de Manuel, él es ella y ella es él.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
Buenas costumbres y dineros, hacen de los hijos caballeros.
¿Fiado?. Mal recado.
A consejo ido, consejo venido.
Hacer como el carpintero: medir dos veces, para cortar una vez.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Perla brillante arrojada en la oscuridad.
Buena, joven, rica y bella, ¿dónde estella?.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
Una cosa solo puede ser buena de una manera; mala, de quinientas.
Por agarar una silla, el político promete villas y castilla.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
Las palabras son como las piedras, que no se pueden revocar.
La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada.
No hay cosa que fin no tenga, a la corta o a la luenga.
La jodienda no tiene enmienda.
El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, más luego se clarifica.
El jabón es para el cuerpo lo que las lágrimas para el alma.
Lo mismo es hablarle a un muerto, que predicar a un desierto.