A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
Por el árbol se conoce el fruto.
Patada de yegua no mata caballo.
Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes.
Vale más tener que no desear.
Razón no requiere fuerza, ni fuerza requiere razón.
Con dificultad se guarda lo que a muchos agrada.
Es más corto que las mangas de un chaleco.
La de los huevos soy yo, dijo la gallina.
La primavera la sangre altera.
A caballo no hay ningún cuerdo.
La gente discreta, no suelta la jeta.
Lo que hoy somos descansa en lo que ayer pensamos, y nuestros actuales pensamientos forjan nuestra vida futura.
Más peligroso que mono con navaja.
La boca hace deudas, pero los brazos pagan.
No digas de este agua no beberé, por turbia que baje el agua mayor puede ser la sed.
La lengua resiste porque es blanda; los dientes se quiebran porque son duros.
Mas vale dar que recibir.
Malos humores salen con buenos sudores.
Noviembre y enero, tiene un tempero.
La buena hilandera, con el rabo del asno, hilaba su tela.
El peje que olió el señuelo, ya no se traga el anzuelo.
Gato con guantes, no caza, pero amenaza.
A ojo de buen cubero.
Otro tiempo vendrá, y el que hoy no puede, podrá.
Perro muerto, ni muerde ni ladra.
Cuando suga la abeja, se vuelve cera y miel; cuando la araña, veneno y hielo.
El sastre engaña al parroquiano, y bien vestido el parroquiano, a la mitad del género humano.
A la madrastra, el nombre le basta.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
A la buena casada, solo su marido le agrada.
El que come y deja, dos veces pone la mesa.
Tetas de mujer, tienen mucho poder.
La mula reparando y le avientas el sombrero.
Pa' las yeguas del jaral los caballos de allá mismo.
Esposa hermosa te obliga a montar guardia
Cuando anda la lengua, paran las manos.
De hijos y de bienes, la casa llenes.
Las palabras son enanos; los ejemplos son gigantes.
La zarza da el fruto espinando y el ruin llorando.
La verdad es de un solo color
Hasta el manjar más sabroso, hostiga cuando es copioso.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
La primera mujer, escoba, y la segunda, señora.
Fortuna te de Dios, que el saber poco te basta.
Castillos muy fuertes vienen al suelo de repente.
El árbol más fuerte y frondoso vive de lo que tiene debajo.
Salud perdida, salud gemida.
El buen tienpo y el mal tiempo están dentro de nosotros, no fuera.
Harto desatina quien a los sesenta años no adivina.