Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia.
El bobo si es callado, por sesudo es reputado.
La vergüenza y la castidad una vez perdidas, para toda la eternidad.
El uso hace diestro, y la destreza maestro.
Sigue la senda, aunque dé rodeos; sigue al jefe, aunque sea viejo.
La mejor caridad es la justicia para todos
Si un negocio te abruma por el principio, comiénzalo por el fin.
El servil es tu enemigo, tu amigo debatirá contigo.
A más edad, más conocemos del mundo la falsedad
Primero la obligación y luego la devoción.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Del ahorro viene la posesión.
Jurar ves magaña, quien jura te engaña.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
Del mal que hicieres no tengas testigo, aunque sea tu amigo.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
Vale más saber que tener.
El que no se fía, no es de fiar.
Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
Hacer de sierva y de señora es una vida desgraciada
Quien dice lo verdadero, no peca por embustero.
Es mejor tres hombres corrientes que uno sabio.
Lo que se dice en la mesa debe ser envuelto en el mantel.
Aceptar un don, requiere discreción.
De la mujer el consejo apresurado, del hombre el postrero y mesurado.
El valor, la buena conducta y la perseverancia conquistan a todo lo que se les pone por delante.
Una mano no aplaude. Dos manos si.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
Hacer la del cura Gatica; predica pero no practica.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Quien tiene compañero, tiene amigo y consejero.
Quien habla por refranes es un saco de verdades.
Quien discretamente se cura, más dura; quien se cura y se curetea, su muerte desea.
A tal puta, tal rufián.
Abstente de mudar los límites de los campos, para que un terror no te arrebate. Se satisface al Dios con la voluntad del señor (responsable) que establece los límites de la tierra arable.
La abundancia da arrogancia.
Más ordinario que una monja en guayos.
Vale más el que sabe más.
El consejo del viejo frailuco, hay que ser cuco.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Cien refranes, cien verdades.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.
En la boca del discreto, lo público es secreto.
Nadie aprende por cabeza ajena.
El orgullo y la pobreza están hechos de una pieza.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
Lo que se aprende en la cuna siempre dura.