Mal se juzga al caballo desde la silla
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
Mala olla y buen testamento.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
No es noble quien lo es, sino quien lo sabe ser.
Quien dice lo suyo, mal callará lo ajeno.
El Dios desea el respeto del pobre más que la honra del encumbrado.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
Cuando todo ha pasado, solo la verdad y el honor permanecen.
El cuchillo no conoce a su dueño.
Vicio es callar cuando se debe hablar.
La hacienda bien ganada con afán se guarda.
Quien no comprende una mirada, tampoco comprendera una larga explicacion.
Tres simples zapateros hacen un sabio Zhuge Liang.
Poco puede hacer el valor sin la discrección.
A tu hijo dale oficio, que el ocio es padre del vicio.
Lo que se da al pobre se guarda en el cielo.
Jactancia es mala del sambenito hacer gala.
Confesión hecha, penitencia espera.
Más confío en el trabajo que en la suerte.
A las barbas con dinero, honra hacen los caballeros.
Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
A quien vela, todo se le revela.
Más debes guardarte de la envidia de un amigo, que de la emboscada de un enemigo.
Es un buen criado el que no habla sin ser preguntado.
Pregunta al hombre con experiencia, no al hombre con estudios.
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.
Cada malo tiene su peor.
Los buenos consejos llegan hasta el corazón del sabio y se detienen en los oídos del malvado
Los mejores negocios se hacen entre susurros.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
Dios te guarde de odioso señor y de compañía de traidor.
Amor y aborrecimiento no quitan conocimiento.
Mejor es el varón prudente, que el fuerte.
A buen andar o mal andar, comer y guardar.
Los buenos actos nunca se lamentan. Los malos actos nunca se olvidan.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Hombre prevenido vale por dos.
Las desgracias no entran nunca por la puerta que les hemos abierto
El que da sin que otros den, es vanidad; el que quiere que los otros den sin él dar nada, es avaricia; el que da y desea que los otros den también, es caridad; el que no quiere dar ni que se le de, es dureza.
A los ignorantes los aventajan los que leen libros. A Éstos, los que retienen lo leído. A Éstos, los que comprenden lo leído. A Éstos, los que ponen manos a la obra.
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
Oficio, bueno o malo, da de comer al amo.
Quien no enseña a su hijo un arte útil, le enseña a robar.
Hágase la diligencia y obra Dios como quiera.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Las necedades del rico pasan por sentencias en el mundo.
Por muchos pueblos y países anduvimos y, es seguro, de todos alguna cosa aprendimos.