Dios ayuda, a los que se ayudan.
Eso no te lo despinta nadie.
Cuando una desgracia amaga, otras vienen a la zaga.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
Quien presume de aventuras tiene más ganas de trofeos.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.
Manchando el nombre de Cristo, algunos hacen buen pisto.
La barca pasa, la orilla queda
La alegría es un tesoro que vale más que el oro.
A causa perdida, mucha palabrería.
Abogado en el concejo, hace de lo blanco negro.
Cuando la noche es tan oscura que no llegas a divisar tu nariz, estate seguro que el alba está muy cerca.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
El mayor de los pesares es arar con borrico los olivares.
Jamás busques la respuesta en los lugares que no existen.
Al santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada.
A todo coche, le llega su sábado.
Pasear llevando sobre los hombros una carga
Déjate la vergüenza atrás, y medrarás.
El que tal ha padecido, ése se compadece del doliente y del herido.
Quien más ama más gasta; quien mucho acumula mucho pierde
Honra merece el que a los suyos se parece.
El aprendizaje cuesta caro, y siempre se paga.
A grandes cautelas, otras mayores.
Berzas y tocino, manjar de vizcaíno.
No incluyas en la lista de tus amigos al hombre que aplasta sin necesidad un gusano
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
A buen salvo está el que repica.
Mal vinagre o buen jerez, para mi todo es igual.
La fortuna a los audaces ayuda.
Hombre probo y recio, no tiene precio.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
Barre la nuera, lo que ve la suegra.
A las personas recién se las valora cuando se las pierde.
Ser felices quiere decir ver el mundo tal y como se desea
A la vasija nueva dura el resabio de lo que se echó en ella.
Ofrecer el oro y el moro.
Pierde enseguida el que desespera por ganar
Los grandes hombres no son grandes a todas horas ni en todas las cosas.
Planta eucaliptos para ti, pinos para tus hijos y robles para tus nietos.
Lo que poco cuesta, poco se aprecia.
Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.
Bestia sin cebada, nunca buena cabalgada.
Debajo de la base de la lámpara está oscuro.
No hay puta sin ladilla, ni ducha sin pajilla
Cuando uno esta en malas, hasta la mujer se le niega.
Una regla tiene el juego, para siempre ganar: no jugar.
Siéntate, si así quieres, sobre el corazón de un león, pero nunca sobre el de un hombre.
Cuando viene el bien, mételo en tu casa.
Junta lo bueno con lo malo, y malo se volverá todo ello.