Mejor una buena separación que una falsa amistad
Donde mujer no hay, el diablo la trae.
En buena casa, mal inquilino.
Aunque se saque el oro de vil escoria, a todos les huele a gloria.
El vino de Jerez, ya no lo deja quien lo probó una vez.
Los caracoles, por la salsilla se comen.
En tanto que la flor cae amorosa, el arroyo corre impasible.
Jugar a dos barajas.
Es gran bobada poner cebo al ave cazada.
Boca cerrada, más fuerte es que muralla.
Niños y viejos, todos son parejos.
Una cáscara de coco llena de agua es como un océano para una hormiga.
Zapaticos de charol, ni para el frío ni para el calor.
Tiempo pasado siempre es deseado.
Dar un cuarto al pregonero.
A barba muerta, obligación cubierta.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.
De los tuyos hablarás, pero no oirás.
Que cada cual se rasque con sus uñas.
El cazador que habla demasiado, va a casa de vacío dio.
El que de veras quiere dar, no ofrece.
Boca sin muelas, molino sin piedras.
A barba, ni tapia, ni zarza.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Fruta que pronto madura, poco dura.
De la abundancia viene la vagancia.
Cinco dedos en una mano, a las veces hacen provecho y a las veces hacen daño.
Noviembre y enero, tiene un tempero.
La suerte es loca y a todos nos toca.
No hay bestia que no brame en su guarida.
Vive de tus padres, hasta que tus hijos te mantengan.
El que se viste con lo ajeno, en la calle lo desnudan.
Llorara la madre al hijo, más que la nieve al granizo.
La mujer y la sardina, cuanto más salada más dañina.
Dos es compañía, tres multitud.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
Yo le digo que se vaya y él desátase las bragas.
Ni boda pobre, ni mortuorio rico.
La fortuna de la mar, hace a unos bien y a otros mal.
A quien tengas que dar de cenar, no te importe darle de merendar.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
Ladrón que roba poco, es tonto y loco.
A quien nada quiere, todo le sobra.
De esas pulgas, no brincan en mi petate.
Matrimonio repentino, muchacho cincomesino.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
Otra de esas y me subo el cierre.[relevancia dudosa]
Lo que poco cuesta, poco se aprecia.
De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso.
Hombre entrado en días, las pasiones frías.