El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
Reloj y campana, muerto mañana.
A la feria se va por todo; pero por narices no.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Como se vive, se muere.
Haz cien favores, deja de hacer uno y como si no hubieras hecho ninguno.
Zurdos y calvos y rubios no habían de estar en el mundo.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.
Bueno es dar, y sin embargo, no conviene ser muy largo.
Quien en una piedra dos veces tropieza, justo es que se rompa la cabeza.
Amor, tos y fuego, descúbrense luego.
A lo que puedas solo no esperes a otro.
Uno no vale lo que pide sino lo que le pagan.
Por el hilo sacaras el ovillo y por lo pasado lo no venido.
Con vehículos y gentes, debemos ser muy prudentes.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Buenas judías la Mancha las cría.
La astuta raposa borra las pisadas con la cola.
Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.
Repicar y andar en la procesión implica contradicción.
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
El que no tiene nada que decir, suele hablar de más.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
A la mujer y al caballo no hay que prestarlos.
Ni aún al Diablo ha de temer quien no teme a una mujer.
Cuando se monta un elefante, no molesta el rocío.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Cuando se emborracha un pobre, ¡que borrachón!; pero si se emborracha un rico, ¡qué graciosón!.
La muerte a nadie perdona.
Quien dice su secreto, de libre que era se hace siervo.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.
Ni se muere el padre ni cenamos.
Sube la escalera como viejo, y llegarás como joven.
Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres un domador.
No resulta dulce el melón recogido cuando está verde.
Lo que fuere sonará.
Despistado como perro en cancha de bochas.
Una carga inclinada no va a llegar a su destino.
El cebo es el que engaña, no la caña.
A cada paso, un gazapo.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
Cada grumo tiene su humo.
El perezoso considera suerte el éxito del trabajador.
A grandes males, grandes enfermos.
Mal ojo le veo al tuerto.
La buena cena, temprano suena.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.