Pena de muerte tiene el que a viejo no llegue.
Cada cosa tiene su precio.
Las prendas de ropa son alas.
La sangre del pobre el rico se la come.
Los ojos se abalanzan, los pies se cansan, las manos no alcanzan.
La que de comer con su marido rehusa, no está en ayunas.
Olla remecida u olla bien cocida.
El valiente de palabras es muy ligero de pies.
Quien tiene renta, tenga cuenta.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.
Bonito era el diablo cuando niño.
Debajo de mi capa, mate al Rey.
El que bien tiene y mal escoge, por mal que le vaya que no se enoje.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
Donde no hay, por demás es el buscar.
Llevar adarga para viivir vida larga.
Lo que no arrastran dos tetas, no arrastran carretas.
Antes se coge al mentiroso, que al cojo.
Moda y fortuna presto se mudan.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
Al mal encuentro, darle de mano y mudar asiento.
Cada día verás quien peque y pague.
Arroz pasado, arroz tirado.
El agua para el pollino, para el hombre el vino.
El buen caballo de ladridos no hace caso.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
Con buena comida para tres, cuatro comen bien.
Cada pleito lleva cuatro almas al infierno.
Sin puta y ladrón no hay generación.
Sufrir mujer contenciosa, es brava cosa.
Un zorzal grano a grano se comió un parrón.
Abril, uno bueno entre mil.
Las noticias malas tienen alas.
El infortunio hace sabios y la buena fortuna , sandios.
El que presume de honrado, presume de desgraciado.
El letrado y la paciencia ganan la sentencia.
Hombre de espíritu enclenque, donde nace allí muere.
Piedra que rueda no hace montón.
El beneficio no se encuentra en los hechos, sino en las intenciones
Los hipócritas suelen engañarse más a si mismos que a los demás.
La zorra cambia su pellejo; pero no sus mañas.
Le dieron como a violín prestado.
Sin pan y vino, no hay amor fino.
Es agua derramada.
A cada cerdo le llega su San Martín.
Más vale aprender de viejo que morir necio.
La mujer virtuosa, corona es de su marido.
El bien viene andando, pero el mal volando.
Aunque tengas sesenta consejeros, aconséjate primero a ti mismo
Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a la pez o esta rota.