A lo que puedas solo no esperes a otro.
El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
Que me siembres en Marzo, que me siembres en Abril, hasta Mayo no he de salir.
Reloj y campana, muerto mañana.
Bueno es dar, y sin embargo, no conviene ser muy largo.
Por el hilo sacaras el ovillo y por lo pasado lo no venido.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
A la feria se va por todo; pero por narices no.
Nadie envejece a la mesa.
Uno no vale lo que pide sino lo que le pagan.
Quien en una piedra dos veces tropieza, justo es que se rompa la cabeza.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.
Zurdos y calvos y rubios no habían de estar en el mundo.
Con vehículos y gentes, debemos ser muy prudentes.
Buenas judías la Mancha las cría.
Amor, tos y fuego, descúbrense luego.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.
La astuta raposa borra las pisadas con la cola.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
El que no tiene nada que decir, suele hablar de más.
A la mujer y al caballo no hay que prestarlos.
Ni aún al Diablo ha de temer quien no teme a una mujer.
Repicar y andar en la procesión implica contradicción.
Sube la escalera como viejo, y llegarás como joven.
Cuando se emborracha un pobre, ¡que borrachón!; pero si se emborracha un rico, ¡qué graciosón!.
No resulta dulce el melón recogido cuando está verde.
Cuando se monta un elefante, no molesta el rocío.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
La muerte a nadie perdona.
Ni se muere el padre ni cenamos.
Quien dice su secreto, de libre que era se hace siervo.
Una carga inclinada no va a llegar a su destino.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.
Lo que fuere sonará.
Cada grumo tiene su humo.
A cada paso, un gazapo.
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
El cebo es el que engaña, no la caña.
Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres un domador.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
Despistado como perro en cancha de bochas.
Mal ojo le veo al tuerto.
Tetas y sopa no cabe en la boca.
El que canea, no calvea.
El perezoso considera suerte el éxito del trabajador.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.