Mi mujer y yo éramos felices... hasta que nos conocimos.
Hierba segada, buen sol espera.
Paja al pajar y barberos a rapar.
El perro permanece perro, aunque sea criado entre leones.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Palabras vacías no llenan un estómago vacío.
Ocioso y lagarto, no mueren de infarto.
Una buena carrera es mejor que una larga espera.
Más vale morir honrado que vivir deshonrado.
Ropa que mucho se cepilla, pronto raidilla.
Más peligrosa esa vieja, que un tiro entre ceja y ceja.
El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
Trabaja cada día como si fuese el último de tu vida.
El encanto de la mujer puede más que el coraje del hombre
Gran mal padece quien amores atiende.
Cuanto mayor es la fortuna, tanto es menos segura.
Desengaños y sinsabores matan a los mejores.
La nieve no rompe las ramas del sauce.
A la que da con mal marido, se le va lo comido por lo servido.
A mal vivir, mal morir.
La zorra cambia su pellejo; pero no sus mañas.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
Mándame las flores cuando aún pueda olerlas.
Ido el conejo me das consejo.
¡Cuándo, más cuándo, llevará cerezas el cardo!.
Ningún jorobado se quiere ver la joroba.
la ropa son alas.
El amor empieza con los ojos y termina con la costumbre
El corazón tiene forma de urna. Es un recipiente sagrado lleno de secretos
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
Salud y pesetas y lo demás son puñetas.
Nobleza y cariño, los hereda el niño.
Carajadas de San Lucas, pendejadas de San Juan.
La raíz de todos los males es el amor al dinero.
Aunque el hombre sea de bronce, no le quites el trago de las once.
Lo barato, sale caro.
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Quien dio lo suyo y en morir tarda, merece morir con albarda.
Mujer muerte, siete a la puerta.
No te acompañes ni de amigo lisonjero ni de fraile callejero.
No estará muy triste, quien de rojo viste.
Burlas que son veras, otro las quiera.
Cuervo con cuervo, no se quitan los ojos.
El corazón del avaro se parece al fondo del mar, ya pueden llover riquezas, no se llenará.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Usted no puede enseñar el camino al gorila viejo.
De trigo o de avena, mi casa llena.
Más vale un "por si acaso", que un "que pensaran".
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.