El caballo que es rotón, y el jinete que le hace daño.
En la cancha se ven los gallos.
Vale más pan con amor que gallina con dolor.
Oficio que no sustenta tu vida, dale despedida.
Antes de que la luz del sol pueda brillar a través de la ventana, deben levantarse las persianas.
El hombre puede pasar por sabio cuando busca la sabiduría; pero si cree haberla encontrado es un necio.
La paciencia es agria, pero tiene una fruta dulce.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Año de neblinas, año de harinas.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Echa cuentas, que te saldrán cuentos.
Reniego de grillos, aunque sean de oro fino.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.
Más vale tuerta que muerta.
Quien canta, su mal eta.
La virtud en sí es un premio
Aunque te veas en alto, no te empines, porque es condición de ruines.
Del sabio es errar, y del necio perseverar.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
No por mucho cargar sobre los hombros a los amigos te vuelves jorobado
A la mujer y a la cabra, la cuerda larga.
Mujeres y Palomas, aunque salgan con gemidos, vuelven a sus nidos.
Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar, perderás tu tiempo y fastidiarás al cerdo.
Come para vivir, pero no vivas para comer.
A borracho fino, primero agua y luego vino.
Arriba canas y abajo ganas.
Un hombre es juzgado cuanto a su trabajo.
Cuando vayas a mear se te advierte de antemano, si te quieres conservar gordo, fuerte, robusto y sano, no le metas a una puta lo que llevas en la mano.
No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera.
El que come solo, muere solo.
Cenas, y penas, y Madalenas, y soles, matan a los hombres.
Dios no se queja, mas lo suyo no lo deja.
Donde reina la ilusión, ciega la pasión.
Dan darán, dicen las campanas.
Vivir juntos es endemoniarse juntos.
En lágrimas de mujer y en las cojeras del perro, ninguno debe creer.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
La mujer de un hombre sospechoso tiene cuarenta hombres como esposos
Por San Andrés el vino nuevo, añejo es.
Cada uno reniega de su oficio, pero no de su vicio.
El tiempo y las palabras no pueden volver a recogerse.
Trabajo empezado está medio hecho
El llanto alivia el quebranto.
Acostumbrado a su cueva el armadillo no se aleja.
En tanto que la flor cae amorosa, el arroyo corre impasible.
Ni "arre" que corras ni "so" que te pares.