Tantas veces fue el burro al molino, que olvido el camino.
Virgo y mocedad no vuelven nunca cuando se van.
Las ofensas con gracias, som mejores que el aburrimiento.
La amistad termina donde la desconfianza empieza.
El mirón mirar, pero sin chistar.
No creo en gardenias negras, ni en virginidad de suegras.
Al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
Una tormenta de arena pasa; las estrellas permanecen.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Dijo el escarabajo a sus hijos: venid acá mis flores.
Pasar de largo te conviene en lo que ni te va ni te viene.
Vaca ladrona no olvida el portillo.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
No rías tanto; que la mucha risa acaba en llanto.
Lo que deprisa se hace, despacio se llora.
Para el flojo siempre es tarde, y cuando madruga todavía no es hora.
Criada trabajadora hace perezosa a la señora.
Hija enlodada, ni viuda, ni casada.
De mala vid, mal sarmiento.
Si el muerto volviera a vivir, de pena se volvería a morir.
Las sueños, sueños son.
A padre avaro, hijo pródigo.
El que vale para trasnochar no vale para madrugar.
Más ordinario que una monja en guayos.
Antes de criticar, mírate la cola.
El aburrimiento es consecuencia de la pereza
Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
De los sufridos se hacen los atrevidos.
Castígame mi madre, y yo trómposelas.
La que pone y es cretona, ya dejó de ser pollona.
Si se ama una cosa y se la ve con los ojos del corazón, se olvidará su fealdad
El cuerdo en cabeza ajena escarmienta.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Una cosa es el amor y el negocio es otra cosa.
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad.
El tiempo cura al enfermo, que no el engüento.
A cada cañada le llega su añada.
Abril frío, poco pan y poco vino.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que por fin se rompió.
Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
Ausentes y fallecidos, ni éstos bien amados, ni aquellos bien venidos.
Esto de mi casamiento es cosa de cuento; cuanto más se trata, más se desbarata.
Amor no respeta ley, ni obedece a rey.
Al triste, el puñado de trigo se le vuelve alpiste.
Hazte la fama y échate a la cama.