Quien sobre tarja bebe, lo bebido lo mea y lo meado lo debe.
Al segar ser bien pagado, dice al estercolador, su sembrado.
Ni casa en cantón ni viña en rincón.
El que nace capacho, muere serón.
La vaca, cuanto más se ordeña, más larga tiene la teta.
Al erizo, Dios le hizo.
El gañán y el gallo, de un año.
Guerra avisada no mata soldado.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
Ahora que tengo potro, pongo la vista en otro.
Ave por ave, el carnero si volare.
Hacerse de la vista gorda.
Hija que casas, casa que abrasa.
De higos a brevas, larga las lleva.
Al mal año, tarria de seda.
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
La muerte es imprevisible.
Ni el prometer empobrece, ni el dar enriquece.
La mujer y la manzana han de ser asturianas.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey.
Con pan, vino y queso, no hay camino tieso.
Fruta que pronto madura, poco dura.
Casa en que una lágrima abre gotera, se pudre toda entera.
No hay mal que por bien no venga.
A donde fueres haz lo que vieres.
No hay nacimiento pobre ni muerte rica.
Buey viejo, lleva el surco derecho.
La mujer debe estar en casa al atardecer.
En apagando el candil, guapas y feas van por el mismo carril.
Alegría y pobreza y no pesares y riqueza.
El que ríe mucho, es tenido por insensato, y el que no ríe es de casta de gato.
El hombre en la plaza, la mujer en la casa.
El casado por amor vive vida con dolor.
Las palabras amables no rompen huesos, pero las palabras perversas rompen muchos.
Bienes y males, a la cara salen.
Al hijo de la hija, métele en la vedija; al de la nuera, dale pan y échale fuera.
Arreboles al ocaso, a la mañana el cielo raso.
Calvo vendrá que calvo me hará.
Haz buena harina y no toques bocina.
Amigos y mulas fallecen en las duras.
De padres asientos, hijos taburetes.
A casa de tu tía, entrada por salida.
La muerte todo lo ataja.
De los muertos no se hable sino bien.
En el amor y la guerra, todo hueco es trinchera.
Para que no pierda el paso la burra, de cuando en cuando una zurra.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Quien ríe el viernes, llora el domingo.