Ponte al sol y harás sombra.
Hay que darle tiempo al tiempo.
Si la casa se quema, calentémonos en ella.
Cántaro roto para tiesto vale.
Mal camino no va a buen lugar.
Todos los días son días de aprender, y de enseñar también.
¡Qué sabrá un gorrino cuando es fiesta!.
No muevas lo que esté bien.
No todos los que tienen las manos juntas, rezan.
Quien hila y tuerce, bien lo merece.
No hay mujer sin pero, ni sin tacha caballero.
Mucho ofrecer y poco dar, xuntos suelen andar.
Donde manda el perro, se ata al amo.
Secreto dicho a mujer muy pronto se ha de saber.
La esencia fina en frasco pequeño se vende.
De fuera venga quien la tea nos tenga.
El que busca halla, y a veces, lo que no pensaba.
El gallo desde que es chico, busca el grano con el pico.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
Más pica espuela de celos que de aceros.
Quien hace, aplace.
Las malas noticias siempre tiene alas.
Que uno fume y otro escupa, no es cosa justa.
A quien mal canta, bien le suena.
Más son los que han tenido que arrepentirse de hablar que de guardar silencio.
Socorro tardío, socorro baldío.
Cuando Dios dio púas al erizo, bien supo lo que hizo.
El pobre que pide pan, toma carne si se le dan.
Al sonar el pedo, solo queda un rostro serio.
No hay mejor ciencia que paciencia y penitencia.
Raído y roto, cerca está lo uno de lo otro.
Chico de plaza, chico de mala raza.
Culo veo, culo quiero.
Secreto entre dos lo sabe Dios, secreto entre tres, descubierto es.
Nunca falta un pelo en la sopa.
Buena fama es buena cama.
Duelos me hicieron negra, que yo blanca era.
A la moza andadera, quebrarle la pierna y que haga gorguera.
Mear sin peer, rara vez.
Chico bache y grande caída.
En este mundo traidor, de cagar nadie se escapa: caga el rico caga el rey, caga el obispo y el Papa.
Si orar es de hermanos, rectificar es de humanos.
Quien no atiende lo que tiene, es mejor que lo enajene.
Lo de balde es caro.
No trepes muy alto, no sea que la caída sea más fuerte.
Resbalada no es caída, pero es cosa parecida.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
Lo único permanente es el cambio.
El cornudo es el último que lo sabe.
"La virtud en su justo medio", dice el diablo, poniéndose entre los dos magistrados.