Para volver a la buena senda, cualquier hora es buena.
El amor hace locos de cuerdos y sabios de necios; conque enamórate, Pedro.
La hija a quien la pidiere, el hijo se mirará a quién se dará.
Si quieres buena fama, no te halle el sol en la cama.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
Cuentas de pobre, raro es que se logren.
Un mal candado llamará a la ganzúa.
Nada puede decirse, que no se haya dicho.
Cuando un hombre hace el tonto, siempre es por una mujer.
En viniendo el perdigón pierde la trucha sazón.
A caballo brioso toca: o frenarlo o se desboca.
Un día es un día, y una paliza es un rato.
Montado sobre un tigre, difícilmente se puede bajar.
El lobo y la oveja, nunca hacen pareja.
El que guarda siempre encuentra.
Elige tu compañía antes de sentarte.
Grano a grano, hincha la gallina el papo.
El mico no ve su rabo, pero ve el del compañero.
Buen lector, mal escribano.
A dinero en calderilla, poca y mala musiquilla.
Qué bueno es comerse el grano sin tener que trillar la paja.
Embustes y cuentos, de uno nacen cientos.
Aunque tengas todo lo que desees en la tierra, nunca dejes de mirar al cielo.
El agua derramada es difícil recogerla.
Quien más bebe, más sed tiene.
Si no caminas hoy, tendrás que correr mañana.
El cebo es el que engaña, que no el pescador ni la caña.
Al hijo del rico no le toques el vestido.
Hay que dar para recibir.
Tras cada tres bocaditos, un traguito.
El amor es tan fuerte como la muerte.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
Un día de obra, un mes de escoba.
Hijo mimado, hijo malcriado.
Los pies del hortelano no echan a perder la huerta.
El queso pesado, y el pan liviano.
El queso es sano que da el avaro.
Después de toda oscuridad hay luz.
Gallegos y asturianos, primos hermanos.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Entre reventar o peer, ¿qué duda puede haber?.
La virtud hace nobles y el vicio innobles.
La mujer y la gata, son de quien las trata.
Cuando el sol sale, para todos sale.
El amor todo lo vence.
A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
El que paga mal, paga dos veces.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.