Pan ajeno nunca es tierno.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
No muchas cosas bien aprendidas, sino pocas y bien asbids.
Ni me fío de gabacho, ni de alcahuete macho.
Por los ojos entran los antojos.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Cabra en un sembrado, peor que un nublado.
Peor es la moza de casar que de criar.
El labrador para Octubre sus deudas cubre.
Oficio de albardero, mete paja y saca dinero.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
El más gallardo señor, también peé de mal olor.
Quien no tiene otro querer, se acuesta con su mujer.
Dios ayuda, a los que se ayudan.
Dios te guarde de odioso señor y de compañía de traidor.
Juramento, juro y miento.
Al buen corazón la fortuna le favorece.
No paga los platos rotos, pero arma los alborotos.
En paellas y en culos, cada uno tenemos uno.
Llueve sobre mojado.
El mundo es un pañuelo [a veces lleno de mocos].
El que es demasiado pequeño, siempre tiene un orgullo muy grande.
Blanco y mojado, sopas de leche.
Más vale sano que pagarle al cirujano.
Hacerse el sueco.
El que vino a Gumiel y no bebió vino, ¿a qué coños vino?.
Eso pasa en las mejores familias.
Mucha manteca para freire un par de huevos.
Para alcanzar dicha plena, nos toca perder la pena.
Con dinero en bolsillo, buen jamón y cochinillo.
Muerto el perro, el gato es el que ladra.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
La oración breve sube al cielo.
El amor y el buñuelo han de comerse en caliente.
Imaginación hace cuerpo de lo que es visión.
Por todas partes se va a Roma.
Cada día trae su propio afán.
Pon y te llamaran gallina.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
Gota a gota, el agua es broca, que al fin horada la roca.
Al matar los puercos, placeres y juegos.
Los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios.
La letra con sangre entra, y la labor con dolor.
Parecer uña y carne.
Jugador de mingo, pagador de mesas de domingo a domingo.
El sastre engaña al parroquiano, y bien vestido el parroquiano, a la mitad del género humano.
No esperes que otro haga por lo que a ti se te paga.
El tiempo es una lima que muerde sin hacer ruido.