Más vale prevenir que curar.
Lentejas, comida de viejas.
Rogar al Santo, hasta pasar el tranco.
Hablando la gente se entiende.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
A espaldas vueltas, memorias muertas.
El aprendizaje es un tesoro que seguirá a su dueño a todas partes.
Limpia tu moco, y no harás poco.
Una buena mañana hace buena la jornada.
Las hijas son las madres en otros cuerpos más jóvenes.
Por la hebra y por el hilo, se sava el ovillo.
El que se va sin que lo echen regresa sin que lo inviten
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Miente tu por mi, y yo jurare por ti.
Donde no alcanza el viejo, alcanza el tejo.
No saber una jota.
El que no da un oficio a su hijo, le enseña a ser ladrón.
Soñar no cuesta nada.
Mucho te quiero perrito; pero de pan, poquito.
Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles. e Hasta que el cuerpo aguante.
Para el pobre, hasta su noche de bodas es corta.
La prisa es la madre de la imperfección.
El que mucho promete, poco cumple.
El mal entra a brazadas y sale a pulgaradas.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Acude a tu oficio, que todo lo demás es vicio.
Llevar fuego en una mano y agua en la otra
Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.
El amor es una hierba espontánea
Quien se vanagloria de un vicio lo hace de todos
Carajadas de San Lucas, pendejadas de San Juan.
No solo de pan vive el hombre.
Si no vas a planchar, no arrugues.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
El oficio quita el vicio.
Valiente que huye una vez, es que se guarda para otra vez.
Las estaciones construyen una fortaleza y la derruyen
El viejo quiere más vivir, para más ver y oír.
A cada uno le parece pesada su propia cruz.
El amor mueve montaña.
Para todo lo mal, un refrán, y para todo bien, también.
La mitad de la alegría reside en hablar de ella.
El que tiene hijos vive como un perro y muere como un hombre; y el que no los tiene, vive como un hombre y muere como un perro.
Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Entre dos amigos, un notario y dos testigos.
A quien habla a tus espaldas, el trasero le responde.
Cuarentón y solterón... ¡que suerte tienes cabrón!.
Vino en jarro quiero; que no me sindiquen lo que bebo.
Yerros de amor, dignos son de perdón.