Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
El que tonto nace, tonto muere.
Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
El destino baraja, nosotros jugamos.
Quien mucho duerme jornada pierde.
Al comer retoños de bambú, recuerda al hombre que los plantó.
Una buena campana se siente de lejos.
El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre.
El árbol permanece aunque desaparezca la mano que lo ha plantado.
Quien tiene mujer parlera, o castillo en la frontera, o viña en la carretera, no le puede faltar guerra.
Ojo de garza, que gallina no ve de noche
Sacar las castañas del fuego.
Administradorcillos, comer en plata y morir en grillos.
Si se dejan abiertas las puertas, los cerdos correrán al trigo
En casa del pobre, todos riñen y todos tienen razón.
Mal te quiere quien siempre te alaba y nunca te reprende.
Joven ventanera, mala mujer casadera.
Dos no riñen si uno no quiere.
Poco sol, poca cena y poca pena, y tendrás salud buena.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
A consejo ido, consejo venido.
La venganza es un plato para tomar frío.
La mujer pare llorando, y la gallina cantando.
En soledad y recuerdo, consuelo es "Manuela Izquierdo".
A casa del amigo rico, irás siendo requerido, y a casa del necesitado, irás sin ser llamado.
Caballo que vuela, no necesita espuela.
Al ausente y el muerto, ni injuria ni tormento.
Vivir prevenidos, es de buen sentido.
Agua fresca la da el jarro, no de plata sino de barro.
Sucede en un instante lo que no sucede en un año
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
La viuda con otro amor, muy pronto se consuela.
La casa la hace el hombre y el parentesco la mujer.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
Ni casa en dos lugares, ni paja en dos pajares.
Muchos pocos hacen un mucho.
Cuando el zorro ora, ten cuidado de tus gansos.
Perro que no anda no encuentra hueso.
Fraile, manceba y criado son enemigos pagados.
¿Tienes té y vino? Tus amigos serán numerosos
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
A barba muerta, obligación cubierta.
El buen hijo a su casa vuelve.
La fantasía, de hecho, es la cara oculta y secreta de la realidad
La mala vida acaba en mala muerte.
Entre la cuna y la sepultura no hay cosa segura.
La casa que no la visita el sol, la visita el doctor.
Dar a un hijo mil onzas de oro no es comparable a enseñarle un buen oficio.
Quien tenga coraje, que no se rebaje.
El hombre haragán trabaja solo al final.