Una casa sin amor es como una chimenea sin fuego, una casa sin la voz de un niño es como un jardín sin flores, la boca de la mujer amada sin la sonrisa es como una lámpara sin luz
Tendrán que pasar hambre en la época fría los que no trabajen en la caliente.
Cuando las puertas de la ciudad se incendian los peces en el foso sufren.
¿Dónde vas Vicente?. Donde va la gente.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
Ser pobre y rico en un día, milagro es de santa Lotería.
Animales ingratos: las mujeres y los gatos.
Obra acabada, maestro al pozo.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.
Un hombre ocioso es compañero de juegos del diablo.
Bien vengas, mal, si vienes solo.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
El que tiene tierra, tiene guerra.
Donde no hay ventura, poco sirve la cordura.
Por males de nervios nunca se tocó a muerto.
No da quien tiene, sino quien quiere.
Calentar el horno para que cueza otro, es de hombre bobo.
Niebla en verano, norte en la mano.
A las balas no hay que tenerles miedo; hay que tener miedo a la velocidad con la que vienen.
Perder es mucho ganar, si no has de volver a jugar.
A la mujer y al caballo no hay que prestarlos.
¿Quién te metió por puerta de tu enemigo?. Hambre y frío.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Cabeza grande, talento chico.
Ni amigo jugador, ni tahúr mal bebedor.
Calle mojada, caja cerrada.
Al amo que honra, el criado bien le sirve.
La oración de los rectos en su gozo.
Hombre sin dinero, lobo sin dientes.
Si quieres tener dinero, quédate siempre soltero.
La mula arisca a la larga, se va enseñando a la carga.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
Por San Mateo, la vendimia arreo.
Ocasion perdida, no vuelve más en la vida.
El caballo que es rotón, y el jinete que le hace daño.
No por ponerse a rezar, deja el cielo de tronar.
Paga el puerco lo que hizo el perro.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
La cuestión no es llegar, sino quedarse.
Son como dos jueyes en la misma cueva.
Iráse lo amado y quedará lo descolorado.
Vicio por natura, hasta la muerte dura.
Reunión de pastores, oveja muerta.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Ni cuatro caballos galopando pueden recuperar la palabra empeñada.
El diablo no es nunca tan feo como lo pintan
Junto al camino, no pasa de agraz el racimo.
Ni quito ni pongo rey.