Ladra de noche para economizar perro.
Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar.
Si la Semana Santa marcea, hambre o muerte andea.
Jugar y perder bien puede suceder.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
Más maestra es la adversidad que la prosperidad.
A un fresco, un cuesco.
Hijo de padre pudiente, aunque no sea honrado es valiente.
La vida es grata, a quien bien la acata.
El hijo de la cabra, de una hora a otra, bala.
Más cura la dieta, que la receta.
Dirán si eres limpio o guarro, las costeras de tu carro.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Juegos de manos, ni a los piojos les son gratos.
Quien bebe tras la cocina, dé una higa a la medicina.
Quien ha disfrutado de lo mejor del amor no se conforma ya con el resto
Un regalo tan insignificante como una pluma de ganso enviada desde lejos tiene mucho sentido.
Humo y mala cara, sacan a la gente de casa.
El hombre más fuerte del mundo es el que está solo
Las prendas de ropa son alas.
Vale más ser ralos que calvos.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Mentir y comer pescado, requieren mucho cuidado.
No hay bicho tan raro como el hombre avaro: para más guardar y tener, se muere por no comer.
Favores en cara echados, ya están pagados.
Ama gorda, leche poca.
Donde no hay pan, se va hasta el can.
La prueba de amistad más difícil es mostrar al amigo sus defectos
El hijo que está en casa no es estimado por los padres.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
El que cuida la higuera, comerá de su fruto.
No busques a la vez fortuna y mujer.
Nadie quiere la salud más que el paso.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
El que nada debe nada teme.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Sementera temprana, de cien una vana.
Cuenta y razón conserva amistad.
Jamón y vino añejo estiran el pellejo.
Clérigo viajero, ni mísero, ni misero.
Si buen consejo tomara, otro gallo le cantara.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
La liebre adiestrada, presto sale a la vereda.
Las palabras son las palabras, pero es el dinero el que adquiere tierras.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
¿Qué tiene mi hijo feo que no lo veo?.
Llena o vacía, casa que sea mía.
Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres un domador.
La nuez llena, menos que la vana suena.
Cada fracaso nos hace más listos.