A gran solicitud, gran ingratitud.
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
El árbol permanece aunque desaparezca la mano que lo ha plantado.
Cuando la desgracia se asoma a la ventana, los amigos no se acercan a mirar.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
Aprendiz de mucho, maestro de nada.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
Mejor amar poco a condición de amar siempre.
La manzana podrida pudre a las sanas.
Mas trucho que el cacun vendiendo josting.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
A buena confesión, mala penitencia.
Lo que se da con amor nunca se pierde.
Para la hormiga el rocío es una inundación.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
A la gente alegre el cielo la ayuda
Tenemos muchos caciques y pocos indios
La montaña es pesada, pero una mariposa levanta a un gato en el aire.
Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles. e Hasta que el cuerpo aguante.
Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.
Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano.
La vista de un amigo, refresca como el rocío de la mañana.
Cada cual hasta la muerte, tiene que afrontar su suerte.
Formó una tormenta en un vaso de agua.
Queda sin compañeros el hombre exigente hasta en los últimos detalles.
Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos.
Del lobo un pelo.
Un hombre puede valer cientos y cientos pueden no valer un hombre.
Ruego de Rey, mandato es.
Hasta la hormiguilla tiene su colerilla.
Quien al mal árbol se arrima, mal palo le cae encima.
El asno y la mujer, a palos se han de vencer.
Solo el mudo no cuenta mentiras.
Quien hace agravios, escríbelos en el agua; quien los recibe, en el corazón los graba.
El amor enseña a los asnos a bailar
Zapatero amigo, las suelas quemadas y el hilo podrido.
Ten cuidado que un perro negro no se meta en medio
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
Su ladrido es peor que un mordisco
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
Idos y muertos, olvidados presto.
El que se brinda se sobra.
No hay largo que no se incline, ni enano que no se empine.
Hacer favores, empollar traidores.
El que presta su caballo para garrochar, y a su mujer para bailar, nada tiene que reclamar.
Envidia me tengan y no me compadezcan.
Cuando se enojan las comadres, se dicen las verdades.
Una vez se engaña a un gitano, dos a ningún cristiano.