Apenas cierra Dios una puerta, y ya tiene una ventana abierta.
Dios era bueno para negociante.
Una lágrima puede decir más que un llanto.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
Cuando Dios no quiere aliviar los males, ni sirven sangrías ni flores cordiales.
A buen amigo buen abrigo.
Antes de hablar, si tienes ira, reza un avemaría.
Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. Proverbios 3:5-6
Cuando el villano está en el mulo, no conoce a Dios ni al mundo.
Quien en Dios confía, será feliz algún día.
Dios hizo todas las cosas con peso, sabiduría y mesura.
Si Dios hubiera querido prohibirnos el vino, las viñas serían amargas.
Confianza, en Dios y en que sea gruesa la tabla.
Dios nos da nueces, pero no las casca.
«Si en una noche negra una hormiga negra sube por una negra pared, Dios la está viendo».
A amor y fortuna, resistencia ninguna.
Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello. Proverbios 1:8-9
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
La religión presenta pocas dificultades a los humildes, muchas a los orgullosos, insuperables a los vanidosos
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
El amigo de todos es fiel a ninguno.
Si lo sabe Dios, que lo sepa todo el mundo.
Favor con favor se paga
Madre no viste, padre no tuviste: diablo te hiciste.
Los hombres son mejores que su teología
Un muerto hablando de un ahorcao.
Da Dios el frío conforme al vestido.
Amigo bueno, solo Dios del cielo.
Fortuna te dé Dios, talento no.
A unos da Dios ovejas, a otros, orejas. A veces perdiendo se gana.
Cuidado, que el diablo es puerco.
Dios nos libre de la cólera de un hombre manso.
De casi no muere nadie.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
Entre padres e hijos no metas los hocicos.
Cada ollero alaba su puchero.
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
A Dios, al padre y al maestro, tenga el niño gran respeto.
La gracia de cada refrán, es decirlo en el momento y el lugar en donde van.
Zurcir y remendar y mejores tiempos esperar; y si no vinieren, será lo que Dios quisiere.
La palabra debe ser vestida como una diosa y elevarse como un pájaro.
El que demonios da, diablos recibe.
Si no amase a las mujeres bellas, Dios no las habría creado
De la corriente mansa me libre Dios, que de las aguas bravas me libro yo.
El que tiene miedo corre a la iglesia.
El que es pendejo ni de dios goza.
Siempre hay dos versiones de una misma historia. Procura escuchar las dos.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
Dios da a cada hombre un gran predio: el tiempo.