A la mujer bailar y al burro rebuznar, el diablo no les debió enseñar.
Más doblado que carpa de camión.
La vida es un trabajo que hay que hacer de pie
De tal palo tal astilla.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
El ladrón sin ocasión para robar, se cree un hombre honrado.
El poder es el mayor enemigo de su dueño.
Alta y esbelta me haga Dios, que rubia y morena ya me haré yo.
El niño regalado, siempre esta enojado.
Amores nuevos olvidan los viejos.
El agua fluye, las piedras se mantienen.
El buen pan se hace con trigo, y con franqueza el amigo.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
Hay golpes tan fuertes en la vida, yo no sé!
Tres hijas y una madre, cuatro diablos para el padre.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Aunque no lo veamos, el sol siempre está.
Ahora adulador, mañana traidor.
El futuro de los justos es halagüeño; la esperanza de los malvados se desvanece.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
Incluso el hombre más sabio tiene defectos. Ignorante es aquél que no los reconoce.
Los pecados de la juventud se pagan en la vejez.
Al peligro, con tiento, y al remedio con tiempo.
Hay miles de miserias en un solo amor
Desconfiad de la mujer que habla de su virtud y del hombre que habla de su honestidad.
La mujer es fuego; el hombre, estopa; viene el diablo y sopla.
Un hombre es juzgado cuanto a su trabajo.
No le escribas a tu mejor amigo, lo que puede saber tu peor enemigo.
No le pidas peras al olmo.
Los toros van con los toros, los bueyes con los bueyes
Demasiada amistad genera enfados
Quien mucho desea, mucho teme.
Lo malo nunca es bueno hasta que sucede algo peor.
No hay escritor, por modesto que sea, que no piense en ser algo
Un mes antes y otro después de Navidad, es invierno de verdad.
Quien da para recibir no da nada
Si el bueno sufre y el malo prospera, se siente el deseo de hacer mal las cosas.
Las acciones gritan más fuerte que las palabras
No hable de cuerdas en casa de un hombre colgado.
Pájaros de otoño, gordos como tordos.
Besóme el colmenero y a miel me supo el beso.
El amor y la fe, en las obras se ve.
¡Cómo sufre mi pecho que late!
Como sé que te gusta el arroz con leche por debajo de la puerta te echo un ladrillo.
El diablo solo tienta a aquel con quien ya cuenta.
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
Al galán y la dama, el diablo los inflama, y la ocasión le hace la cama.
A la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir.
No hay caracol que no tenga vuelta.
Lo que dejes para después, para después se queda.