El día de San Ciruelo, pagaré lo que debo.
No hay manjar que no empalague, ni vicio que no enfade.
No paga los platos rotos, pero arma los alborotos.
Un regalo tan insignificante como una pluma de ganso enviada desde lejos tiene mucho sentido.
Ojo por ojo y diente por diente.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
Muerte que me has deseñado, salud me has asegurado.
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
Un juego de cartas se juega con dinero
Ropa dominguera, del portal pa fuera.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Yernos y nueras, en las afueras.
Ir romera y volver ramera le sucede a cualquiera.
La suerte de la fea, la bella la desea.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
Que el amor no imite las fuertes olas, numerosas pero efímeras; sea en cambio como el agua escondida bajo la arena: parece imposible encontrarla y se la encuentra
Al marido, amarle como amigo, y temerle como enemigo.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
De casa del abad, comer y llevar.
Ninguna mortaja, es grata ni maja.
Más aburrido que mico recién cogido.
Lunes y martes, fiestas holgantes; miércoles y jueves, fiestas solemnes.
Quien es feliz habla poco
Siempre hay dos versiones de una misma historia. Procura escuchar las dos.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
Niebla en la mañana, tarde muy galana.
El abad canta donde yanta.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
Cada uno cuenta la feria como le ha ido.
Si tienes hijas, comerás buñuelos.
Bebe para olvidar, pero no te olvides de pagar.
Un mar calmo no hace buenos marineros.
No dejes que tus recuerdos pesen más que tus esperanzas.
Una olla y una vara el gobierno de una casa.
La cortesía exige reciprocidad.
Cada iglesia tiene su fiesta, y cada ermita su fiestecita.
El pasaro que canta en el tiempo incorrecto es muerto.
Nada sabe su violín y todos los sones toca
Venga la alabanza que recibes de otra boca y nunca de la tuya
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
La gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?.
Mentiras de día y pedos de noche, los hay a troche y a moche.
Bien haya quien a los suyos se parece.
La hermandad hace al masón, y el presupuesto al "mamón".
En San Antonio, la vieja tiró el carrete al fuego.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca.
Antes de meter, prometer.