Hay quien las mata callando.
Hasta lo bueno cansa, si es en mucha abundancia.
Lo cómodo o lo expedito, es mejor que lo bonito.
Se toca con los ojos y se mira con las manos.
Miraste a la luna pero te caíste en el arroyo.
Oro es, lo que oro vale.
Barbero, o loco o parlero.
La búsqueda de un tesoro no depende de ti, la búsqueda de tu alma depende de mi
Paja al pajar y barberos a rapar.
Comprar y luego pagar, provecho y honra ganarás.
Saca lo tuyo al mercado: uno dirá bueno y otro dirá malo.
Mujer que al andar culea, bien se yo lo que desexa.
Nadie come gallina gorda de mano ajena.
Ser amable es ser invencible.
Señor por señor, el padre es el mejor.
Al afligido, su trabajo basta sin que otros le añadan.
Habla directamente al corazón.
Bella por natura, hasta la sepultura.
Vino de viñas viejas, qué bien te tomo y qué mal me dejas.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
A quien vela, todo se le revela.
Por los ojos entran los antojos.
El buscador es descubridor.
Comer se ha de hacer en silencio, como los frailes en sus conventos.
El hambre es el mejor cocinero.
La modestia es patrimonio de los pendejos.
Cuando de visita te pierdo, si te vi ya no me acuerdo.
Lo que el viejo ve por estar sentado, no lo percibe el joven que esta de pie.
Dar una higa al médico.
Cuando la vela azota al palo, malo.
El consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco.
Lo que a la sombra se urdiese, a la luz del día aparece.
El amor verdadero entra por el agujero.
La fe mueve montañas.
Aunque me visto de lana, no soy oveja.
Es más fácil hacer un camello saltar una zanja que hacer un tonto escuchar la razón.
Entre lo feo y lo hermoso, deme Dios lo provechoso.
Buen porte y buenos modales, abren puertas principales.
Todo el mundo ha sido antes joven, pero no todas las personas han sido viejas con anterioridad.
Zurciendo y remendando, vamos tirando.
Cara de melocotón, de niño y no de hombrón.
Dios es la medida de todas las cosas.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Págase el señor del chisme, más no de quien lo dice.
Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí. (Confucio, 551-479 a. C.)
La lengua, aunque no tiene huesos los quiebra.
No esperes nada de aquel que promete mucho.
De lo perdido, lo que aparezca.
Del cobarde, no se ha escrito nada.