Cuando las dos partes arguyen muchas razones, el prudente cede primero.
Comida que mucho hierve, sabor pierde.
El que bien vive, harto letrado es.
El puerco y el noble, por la casta se conocen.
La mujer y la mula cada día te hacen una y suerte te dará Dios si no te hacen dos.
Huerto y molino, lo que producen no lo digas al vecino.
De grano en grano, se llena la gallina el buche.
Preguntando se llega a Roma.
El que primero llega, ése la calza.
Buen hondero el que mete dos piedras por un mismo agujero.
Del agua mansa se asombra el perro.
No esperes nada de aquel que promete mucho.
La hija de la puta, como es criada, y la estopa, como es hilada.
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
Lo prestado, ni agradecido ni pagado.
Octubre, las mejores frutas pudre.
A la vejez aladares de pez.
Quien de verde se viste bonita se cree.
Cargado de hierro y cargado de miedo.
Con la mujer y el dinero no te burles, compañero.
El tiempo es oro.
Por mucho que sople el viento, una montaña no se inclina ante él.
Págase el señor del chisme, más no de quien lo dice.
No hay puta ni ladrón que no tenga su devoción.
No llega antes el que más corre si no el que menos tropieza.
Obra acabada, maestro al pozo.
Un médico cura, dos dudan y tres, muerte segura.
Quien muere, ni cobra, ni paga, ni debe.
A quien espera, su bien llega.
A cada cien años los reyes son villanos, y al cabo de ciento diez, los villanos son reyes.
Cebo haya en el palomar que las palomas no faltaran.
Campo abandonado, fuego proclamado.
Con hermosura sola no se pone la olla.
Navegar contra el viento es perder el tiempo.
El cazador busca la pieza, la pieza no busca al cazador.
Tener tiempo libre conlleva muchas ventajas
Cazador con levita, quita, quita.
Ni llueca eches que pollos saques.
Noviembre y enero, tiene un tempero.
El que sabe cuándo hablar, sabe también cuándo callar.
El que fue cocinero antes que fraile, lo que pasa en la cocina bien lo sabe.
Quien quiere bueno y barato, demora buscando un rato.
Indio que mucho te ofrece, indio que nada merece.
Mucho hijo puta con cara de conejo.
Arrastrando, arrastrando, el caracol se va encaramando.
Todos los días son días de aprender, y de enseñar también.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
En enero, ni galgo lebrero ni halcón perdiguero.
Una simple chispa puede iniciar un fuego que arrase la pradera.
Más rápido cae un mentiroso que un cojo.