No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
Casa en la que vivas, viña de la que bebas y tierras cuantas veas y puedas.
La mala fe, no pare hembra.
Para aprender, perder.
Quién encuentra a un amigo, encuentra a un tesoro.
Ama a tu vecino, pero no quites la cerca.
De un hueco salimos y a un hueco vamos a dar.
En buenas manos está el pandero que lo sabrá bien tañer.
Cuando guían los ciegos, ¡ay de los que van tras ellos!.
Mala señal es para la moza cuando la llaman señora.
Enero y Febrero hinchan el granero, con su hielo y su aguacero.
No siempre es mejor el que más te gusta.
Por una oreja entra y por otra sale.
La mentira dura mientras la verdad no llega.
Villano terco y cazurro, nunca cae del burro.
¿De que vas, Santo Tomas?
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
Entre la gente ruin el que pestañea pierde.
El ídolo hecho de barro que cruza el río no puede salvarse ni a sí mismo.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Escucha el sonido del río y obtendrás una trucha.
Dale con que va a llover.
El temor de la guerra madura en cualquier tierra
Mujer y sardiña, ni la mayor ni la más pequeniña.
Quien lee despacito, comprende el escrito.
No es pecado ser pendejo, el pecado es no querer dejar de serlo.
Al ausente y el muerto, ni injuria ni tormento.
Nadie se meta donde no le llaman.
Más merezco; pero contigo me conformo.
Hay dos cosas, oh discípulo, que conviene evitar: Una vida de placeres; eso es bajo y vano. Una vida de mortificaciones; eso es inútil y vano.
A abril alabo, si no vuelve el rabo.
Madre no viste, padre no tuviste: diablo te hiciste.
No digas tu secreto al amigo, por si mañana es tu enemigo.
Hasta la raíz más pequeña encuentra su leñador.
No es la liebre de quien la mata, sino de quien la levanta.
Saber cuántas son cinco.
Al hambre de siete días, no hay pan duro.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
A la garganta del perro, échale un hueso si le quieres amansar presto.
La blanda respuesta la ira quiebra, la dura la despierta.
Lana y no algodón, para el frío y el calor.
¿Dónde tiene mi niño lo feo?, ¡que no lo veo!.
El ruin de Roma, en mentándolo asoma.
Todos llevamos una cruz colgada; unos suave y otros pesada.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Dos no discuten si uno no quiere.
La verdadera grandeza no renuncia a la amabilidad.
Ovejas bobas, donde va una, van todas.
Pezuña sobre agua, no deja huella.
A la mujer y al papel, hasta el culo le has de ver.