Cuando la suerte es cochina, cualquier perro nos orina.
Cuando se trate de damas, no te vayas por las ramas.
A la que sabes mueras, y sabía hacer saetas.
Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Cada cosa pía por su compañía.
Al engaño, con engaño.
Después de la victoria, aprieta el casco.
Nada es barato sin una razón.
Para un viaje corto, cualquier borriquito es bueno.
No bebas agua; que te emplazarán los bueyes.
El hijo muerto, y el apio al huerto.
Favor publicado, favor deshonrado.
No es quejido, sino que jode.
Hacerse el sueco.
Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
Salud, dinero y buen vino, e irme a la gloria de camino.
A todos los tontos se les aparece la Virgen.
Alegría y desgracia no son eternas
Consejos y muertos, se sabe su valor cuando pasó su tiempo.
Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.
Quien se acuesta con niños, amanece meado.
Negar que negarás, que en Aragón estás.
Cuándo del pie, cuándo de la oreja, a mi marido nunca le falta queja.
A lisonjeros dichos no le prestes oídos.
Castígame mi madre, y yo trómposelas.
A la feria se va por todo; pero por narices no.
Lengua de vieja cuentera, corta más que una barbera.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Variante: El perro viejo, si ladra, da consejo.
A quien has acallado no le hagas llorar.
Ni cuatro caballos galopando pueden recuperar la palabra empeñada.
El Diablo no se harta de romper suelas.
Quien solo piensa en lo que en su vientre entra, no vale más que lo que de su vientre sale.
Las desgracias vienen juntas, y las gracias muy espaciadas.
Todos su cruz llevan, unos a rastras y otros a cuestas.
Cada uno en su casa es rey.
El que se enfada en la boda, la pierde toda.
Contra el feo vicio de pedir, existe la noble virtud de no dar.
Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen para nada.
Vuelva usted el sábado, que hoy no hay mendrugos.
Juego y bebida, casa perdida.
El agua para los peces; para los hombres, vino a montones.
El que hace lo que no debe, sucédele lo que no cree.
Hasta los gatos quieren zapatos.
Se muere de vergüenza, no de miedo.
Quien da el consejo, da el tostón.
Las mujeres buenas no tienen ojos ni orejas.
Mano de hierro en guante de seda.