Salud y pesetas y lo demás son puñetas.
A la galga y a la mujer, no la des la carne a ver.
La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
El pez fresco, frito y frío, y tras él, vino.
Creer a pie juntillas.
La mujer hace el amor cuando quiere y el hombre cuando puede.
No rompas el silencio si no es para mejorarlo.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
Nunca bailes en una barca pequeña.
Canas son, que no lunares, cuando comienzan por los aladares.
Cuando el Diablo nada tiene que hacer, mata moscas con el rabo.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.
La felicidad es una recompensa que llega a quien no la busca
Del mal manjar, un bocado nomás.
Vive de tal suerte, que ni te encante la vida ni te espante la muerte.
Ninguno que beba vino llame borracho a su vecino.
Después de haber recorrido el mundo entero en busca de la felicidad, te das cuenta de que estaba en la puerta de tu casa.
A rocín viejo, cabezada nueva.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Busca la felicidad en tu casa y no en la del vecino
Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres; cuando son mayores, los enloquecen.
No enturbies aguas que hayas de beber.
Quien mucho vino bebe, a sí se daña y a los otros hiere.
Después de comer, ni vino, ni mujer.
Sea, que el tiñoso por pez venga.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
Algo debe de querer quien te hace fiestas que no te suele hacer.
Cuando la desgracia se asoma a la ventana, los amigos no se acercan a mirar.
¡Ojo alerta con la moza y con la puerta!.
Si sale cara, gano yo; si sale cruz, pierdes tú.
Con el tiempo un ratón rompe una gúmena
La esposa ideal es la que es fiel, pero intenta ser tan bella y amable como si no lo fuese
Cartas de ausentes, cédulas son de vida.
Quien rompe una tela de araña a ella y a él de daña.
Colgar los guayos.
Uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Según se prepara la cama, así se duerme.
Una cosa son las palabras de los hombres; otra los hechos del Dios.
La fantasía es la droga de la mente
El guaro, las mujeres y el tabaco ponen al hombre flaco.
A falta vieja, vergüenza nueva.
Le debe a cada santo una vela.
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.
No digas: es imposible. Dí; no lo he hecho todavía.
Agua, en jarro; y vino, en cántaro.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
Duelos me hicieron negra, que yo blanca era.
En una fina no deben faltar un viejo y un burro, pero que el viejo no sea tan burro, ni el burro tan viejo.
Una mentira puede matar mil verdades.
Irase lo apetecido, y quedará lo aborrecido.