Mi secreto, en mi pecho.
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.
La rica en su desposado, lleva marido y criado.
El buen gallo, en todo gallinero canta.
Donde hay hambre, las tripas cantan.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
Lo que deprisa se hace, despacio se llora.
Las acciones gritan más fuerte que las palabras
Con el metro que midas, te medirán.
La gota de sangre mala, dura hasta la séptima generación
El verdadero secreto de la felicidad consiste en exigirse mucho a uno mismo y poco a los demás
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
Con las glorias se olvidan las memorias. Con los años, perdió la rucia los saltos.
Sabio es aquel que piensa antes de actuar.
Huerto, mujer y molino, quiere uso continuo.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
El mejor espejo es un ojo amigo.
Quien va a la feria, lo cuenta a su manera.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
El buen vino resucita al peregrino.
Solo borracho o dormido se me olvida lo jodido.
No cantes victoria antes de tiempo.
Pedir peras al olmo.
Una alegría esparce cien pesares.
Desde el día de San Martín a Navidad todos los pobres están mal
Sueña lo que quieras soñar, ve donde quieras ir, sé lo que quieras ser.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
Cuanto más violento es el amor, más violento es el dolor
Febrerillo loco, Marzo ventoso y Abril lluvioso hacen a Mayo florido y hermoso.
Decir y hacer dos cosas suelen ser.
La cortesía exige reciprocidad.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
Querer a quien no me quiere, mal haya quien tal hiciere.
Si te molesta que te mientan, no preguntes.
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
Ojo por ojo, diente por diente.
La manzana podrida pudre a las sanas.
Cuando los solteros se divierten en el cielo, truena.
El perro que da vueltas, se echa en la ùltima.
Los ojos se han hecho para ver, las manos para tocar.
El viejo que casa con niña, uno cuida la cepa y el otro la vendimia.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
Las campanas se conocen por el son y las mujeres por la voz.
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
Un hombre feliz es como un barco que navega con viento favorable.
Recordar es desandar, y lo que antes se vivió, volverlo a contemplar.
El perdigón y el gallo, por Mayo.
Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso; si te lo dicen dos, mírate un espejo.