Dar consejo es virtud de segundo orden.
Pedir es lícito, responder es cortesía.
Un buen caballo viejo encerrado en el establo aún aspira a galopar mil li.
No falta de que reirse.
Puta me ha de hacer esta burra que me lleva a los pastores; y guiábala ella.
Cuando llega la noche, el miedo se tiende a la puerta, y cuando llega el día, se marcha a las colinas.
Apostar por necesidad, perder por obligación.
Te conozco mascarita
No pases la noche temiendo el mañana. ¿Cómo es el día siguiente? El hombre no sabe como es el día siguiente.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
Un libro cerrado no es más que un rimero de papel.
Médicos y abogados, Dios nos libre del más afamado.
Cartas de ausentes, cédulas son de vida.
El arado rabudo, el arador, barbudo.
Amor de amos, agua en cestos.
El buen hijo a su casa vuelve.
Dicen que es bonito el cura, tal sea su ventura.
La sed del corazón no se apaga con una gota de agua
La vida es para una generación; un buen nombre, para siempre.
Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.
La mariposa al posarse sobre la rama teme romperla.
Domingo sucio, semana puerca.
Buen ejemplo y buenas razones avasallan los corazones.
A fullería, cordobesías.
Ave por ave, el carnero si volare.
El muerto delante y la griteria atrás.
Colgar los guayos.
Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
Favorece al afligido, y serás favorecido.
En la paz se cuelga a los ladrones; en la guerra se les honra.
En la amistad, quien más da, menos recibe
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres; cuando son mayores, los enloquecen.
No bebas agua; que te emplazarán los bueyes.
Errar es humano.
De los muertos no se hable sino bien.
Un viaje de diez mil kilómetros empieza por un solo paso.
A Dios lo mejor del mundo, pues es señor sin segundo.
Cuando veas al erizo comiendo madroños, entrado está el otoño.
El que teme padecer padece ya lo que teme.
Un apóstol en el cielo y un escribano en el suelo.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
Al que madruga, le da sueño más temprano.
A liebre ida, palos al cubil.
Al final, todo saldrá bien, y si no, es que no es el final.
El hombre casado, ni frito ni asado.
El hombre que hace su fortuna en un año debería ser ahorcado doce meses antes.
El corazón humano se asemeja al barco que navega sin vela. Rara vez, frente a los vientos, encuentra su camino
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
Bien vive quien Dios quiere; y quien no, viviendo muere.