Consejos a viejas y pláticas a gitanos, trabajos vanos.
A batallas de amor, campo de plumas.
Ahora que tenemos tiempo, cuéntame un cuento.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
El beso lo inventó Dios y el diablo lo que viene en pos.
Antes de los años mil, otros mandarán la tierra.
Dios nos libre de un ya está hecho.
Olla sin sal, haz cuenta que no tienes manjar.
El casado casa quiere.
Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.
Navidad en martes, fiestas por todas las partes.
Para regalo de boda, manda lo que en tu casa estorba.
Más ordinaro que pesebre con prostíbulo.
En el refugio del otro vive cada uno
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
Más vale tarde que nunca.
Por costumbre le damos la vuelta a un pensamiento, para utilizarlo varias veces
No por ponerse a rezar, deja el cielo de tronar.
A la vejez, dinero y mujer.
El ladrón en la horca y el santo en el altar para bien estar.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Que no te den gato, por liebre.
Oración de ciegos, mal rezada y peor pagada.
A caracoles picantes, vino abundante.
Y reza mucho en la novena, pero no es buena.
No ver, y creer en lo que no se ve, son elementos esenciales de la fe
Quien no confía en el hombre, no confía en Dios
A los tontos no les dura el dinero.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
A la boda del herrero, cada cual con su dineo.
Boda en mayo ¡Qué fallo!
A cada santo su vela
A lo que manda Dios, oreja de liebre.
Hierba mala nunca muere.
Dijo el gitano, pleitos te dé Dios, y los ganes.
Guárdeme Dios de perro de liebres, piedra de onda, casa de torres y mujer sabionda.
Ni bebas agua que no veas, ni firmes carta que no leas.
Lo pasado, pisado.
Haz lo que el cura dice y no hagas lo que el hace.
Rogar a Dios por los santos, más no.
La intención es lo que vale.
Con un dios le bendiga no se compra nada.
Abranla piojos, que ai les va el peine.
Nunca te apures para que dures.
Otoño e invierno, mal tiempo para los viejos.
Siempre hay un roto para un descosido.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
No hay refrán que no sea verdadero.
A mono viejo no se le hace morisqueta.