Ponga agua en su vino.
La suerte es loca y a cualquiera le toca.
A las mujeres bonitas y a los caballos buenos los echan a perder los pendejos.
Predica la fe hasta que consigas tenerla, luego predicarás sobre la que tienes
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Que bien va la Virgen y los cucuruchos bien clavados.
Idas sin vuelta, el hombre a la horca, el pan de pastores y los potros a la feria.
Los pecados de la juventud se pagan en la vejez.
La misa, dígala el cura.
Codicia mala a Dios no engaña.
De cintura para arriba todos santos, y de cintura para abajo todos diablos.
A otro perro con ese hueso.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Si una nación tiene un héroe, estará salvada.
El perro viejo cuando ladra da consejo.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
Dios da mocos al que no tiene pañuelo.
Pan duro, pero seguro.
Si el mozo supiera y el viejo pudiera, ¿qué se les resistiera?
Más vale un pan con Dios que dos con el diablo.
Quien tiene arte va por todas partes.
Por andar recosechando otras milpas, cosechan las tuyas.
Nunca falta Dios a los pobres.
Un viejo amigo es una eterna novedad
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
A chica boca, chica sopa.
Para el peor rey, el mejor profeta. Para el peor pecado, el mejor mensaje.
Cualquier ciudad es mi pueblo.
Alabanza propia es vituperio.
La cara del santo hace el milagro.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
Ponerse la tapa en la cabeza
Siempre se le aparece la Virgen a los pastores.
Desconfía del médico joven y del barbero viejo.
En la vivienda del pobre la casa siempre es enorme.
Cree el fraile que todos son de su aire.
Zurcir y remendar y mejores tiempos esperar; y si no vinieren, será lo que Dios quisiere.
Al que va a la bodega, por vez se le cuenta, beba o no beba.
Esquílalas pero no las desuelles
Más ordinario que una monja en guayos.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Tu madre te llorará hasta el final de sus días; tu hermana hasta ponerse el anillo de boda; tu viuda hasta el rocío del amanecer.
Lo que tiene la fea, la bonita lo desea!
No temas a truenos ni a ratones, ni brujas ni supersticiones.
Si la catedral es grande, no tienes que santiguarte todo el día.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
A confite de monja pan de azúcar.
Fiate de Dios y no corras.
Palabras de santo, uñas de gato.
Ninguna buena historia se gasta, por muchas veces que se cuente.