No se debe escupir al cielo.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Muchos saben cómo adular, pero pocos entienden cómo alabar.
Razonar para reñir, es cosa de reír.
Iglesia, o mar, o casa real.
Bollo de monja, costal de trigo.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
La pasión embellece lo feo
Lobos de la misma camada.
No es bueno huir en zancos.
Agua y pan, comida de can; pan y agua, carne y vino, comida de peregrino.
Los tejados viejos necesitan muchas reparaciones
La fe no tiene miedo.
Siempre hay dos versiones de una misma historia. Procura escuchar las dos.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
Al comprar caballos y al tomar mujer cierra los ojos y encomiéndate al Señor
Vecina de portal, gallina de corral.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
El que a hierro mata , a hierro muere.
Septiembre benigno, octubre florido.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Dios aflige a los que bien quiere.
Como quitarle el poto a la jeringa.
Roer siempre el mismo hueso
A días claros, oscuros nublados.
Olla todos los días, a un santo cansaría.
Con los curas y los frailes, buenos días y buenas tardes.
Por Santa Cecilia, la nieve en cualquier cima.
Quien se casa, casa quiere.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
El deseo hace hermoso lo feo.
Diga mi vecina, y tenga mi costal harina.
Lo que se pierde en una casa, se gana en otra.
Despacito por las piedras
Quieren ganar indulgencias con escapulario ajeno.
Buenas palabras no te quitan dinero del arca.
Amores nuevos olvidan los viejos.
Unos visten el altar, para que otros digan la misa.
Buena vida si refrenas tu ira.
Aquí hay gato encerrado.
Me lo contó un pajarito
Refrán es, verdadero, que quien sirve más, vale menos.
Para los aduladores no hay rico necio ni pobre discreto.
A nave rota, todo tiempo es contrario.
El que se viere solo y desfavorecido, aconséjese con los refranes antiguos.
De tal árbol tal astilla.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Casa de esquina, para mi vecina.
Mojarse el potito.
El frío puede entrar de repente, entre Navidad y los Inocentes.