La mujer y el vino hacen del hombre un pollino.
Putas y tuertos todos somos vueltos.
El hombre que ama la violencia morirá violentamente
Más moscas se cazan con miel que con hiel.
Donde entra el mucho vino, sale el tino.
Juegan los burros y pagan los arrieros.
La risa va por barrios.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
La casa ya labrada, la viña ya plantada y la suegra ya enterrada.
Es cosa de locos querer coger mucho sembrando poco.
Los hijos cierran los oídos a los consejos y abren los ojos a los ejemplos. Fernando Monzón.
A galgo viejo, dadle liebre, no conejo.
El que mal anda, mal acaba.
A gordo mendigo pocos dan zatico.
Quien no conoce de abuela, no sabe cosa buena.
La enfermedad entra por la boca y la desgracia sale de la boca.
El cosechar y disponer de provisiones puede durar por largo tiempo.
Mujer en la ventana, o puta o ENAMORADA.
Dilatar la cura y pedir para la untura.
Sucede en un instante lo que no sucede en un año
Mano que te da de comer no has de morder.
Carne y pescado en una comida, acortan la vida.
A la vaca, hasta la cola le es abrigada.
A quien el vino no plazca, Dios le quite el pan.
Cuando el zorro ora, ten cuidado de tus gansos.
Planta eucaliptos para ti, pinos para tus hijos y robles para tus nietos.
Fruto del árbol ajeno, sale de balde y sabe bueno.
Las penas, con un cullillo de palo degüellan.
A borrico desconocido, no le toques la oreja.
Para morir siempre es muy pronto, para amar nunca es tarde.
Recuerda, si hay tormenta habrá arco iris.
Donde entra tajada no entra rebanada.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
Los profetas y adivinos, embaucan a los cretinos.
Camina como viejo y llegarás como joven.
Los pesares envenenan la sangre.
Palabras y plumas el viento las tumba.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
La ventura de la barca, la mocedad trabajada y a la vejez quemada.
Por su facha y alharaca, el nuevo rico se saca.
Zanahorias y nabos, primos hermanos.
El que con su barriga se enoja, la tripa le queda floja.
Bien reza, pero mal ofrece.
Todo tiene un fin.
Hacienda en dos aldeas, pan en dos talegas.
El café, en taza, y los toreros, en la plaza.
Nunca falta un borracho en una vela.
Todo lo quiero: consejo y conejo.
Olla todos los días, a un santo cansaría.
Como canta el abad responde el monaguillo.