No puedes impedir que las aves de la tristeza vuelen hacia ti, pero puedes impedir que aniden en tus cabellos.
Cuando el elefante y el caballo se ahogan, el asno pregunta si el río lleva mucho agua.
El pescado en Mayo, a quien te lo pida dáselo.
Hombre de voz hueca, sesera vacía o seca.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
Mientras la viuda llora, otros cantan en la boda.
Si me ha de llevar el diablo, que me lleve en coche.
Lo que poco cuesta, poco se aprecia.
En sociedad enferma, individuo sano más raro que ave rara.
El borracho, aunque turbio, habla claro.
Por oír misa y dar cebada no se pierde jornada.
No creas jamás que tu enemigo es débil.
Se defiende más que un gato boca arriba.
Ruega a Dios por el mal señor, porque no venga otro peor.
A las barbas con dinero, honra hacen los caballeros.
Cada doblón acumulado ha sido diez veces rapiñado.
Variante: Caridad y amor no quieren tambor; en silencio viven mejor.
El que habla es el que peca.
Agua beba quien vino no tenga.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Hay que tener los pantalones en su sitio.
La que no anda precavida, al fin tiene su caída.
El que mucho habla, mucho yerra.
No caben dos pies en un zapato.
Mientras dura, vida y dulzura.
En bien cortar y en vino echar, bien veo quién me quiere bien y quién me quiere mal.
Caldo de gallina y precaución no hicieron jamás daño a hombre ni varón.
Del precipitar nace el arrepentir.
El que siembra, cosecha.
El primer grado de locura es creerse cuerdo, y el segundo proclamarlo.
Al amigo no apurarlo ni cansarlo.
Castiga a los que te envidian haciéndoles el bien.
Carnero, hijo de oveja, no yerra quien a los suyos semeja.
Desde el día de San Martín a Navidad todos los pobres están mal
Hacer de un camino, dos mandados.
El año nuevo nos viene anunciando cuando Diciembre se va tiritando.
Llover sobre mojado, mil veces ha pasado.
Cuando el diablo habla, licencia tiene de Dios.
A río crecido, sentarse en la orilla.
La vida no es senda de rosas.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
A la par, es negar y tarde dar. A la tercera va la vencida.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
El pájaro no se caga en el nido.
Si el liso viera y la víbora oyera no habría hombre que al campo saliera.
Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo.
Conviene más, ser tenido, que resultar exprimido.
El sucio quiere ensuciar al otro.