El diecisiete de enero piden por sus animales desde el pastor al yuntero.
En Diciembre, no hay valiente que no tiemble.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Quien se va lejos, vivo está y le tienen por muerto.
Ovejas de una puta, carneros de un ladrón, bien haya quien os guarda, mal haya cuyo sois.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
Le dijo la sartén al cazo.
El que no se embarca, no se marea.
Si hay miseria, que no se note
Lo escrito, escrito esta.
Agua que no has de beber, déjala correr.
No dispongas para ti pesos con defecto: serán abundantes en penas por la voluntad del Dios.
Que cada perrillo se lama su cipotillo. (Variante: que cada perrico se lama su cipojito (Cartagena)
¿Qué puede el humo hacerle al hierro?
Cuando la gallina espanta al gallo, señal de mal año.
El mosquito de uno es el camello de otro.
Antes queda dispuesta una embarcación que una mujer que se dispone a salir.
Pa' todo hay fetiche.
Maldición de burro, al cielo no llega; en las vigas de la cuadra se queda.
A menudo una pequeña chispa logra encender un gran fuego.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
O follamos todos o tiramos la puta al rio.
Las llamas se elevan más cuando cada uno les echa leña.
Desde el día de santa Catalina o nieve o barro
Cucas y vino, higos sin tinto, y luego vino para el camino.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
Perros raspan, pero la caravana passa.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
Nunca habéis oído decir un refrán bien verdadero: quien más sirve en este mundo el que tiene más dinero.
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
Quien amigo es del vino, enemigo es de sí mismo.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
Al cielo nadie va con ojos secos.
Azúcar y canela, hacen a la vida buena.
Los verdaderos amigos se conocen en la adversidad.
Sabiduría y desengaños, aumentan con los años.
La sal y los consejos solo se dan a quien los pide
Los pájaros escuchan las palabras del día y las ratas las palabras de noche.
El idiota es como el ladrón de campanas, que se tapa el oído para robarlas.
No basta con que yo triunfe. Los demás deben fracasar
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
El que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea.
Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
Con caracoles, higos y brevas, agua no bebas.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
En el menguante de enero, corta tu madero.
El que come y canta, pronto se atraganta.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.