Para comer tortilla, hay que romper huevos.
Anda el hombre a trote por ganar su capote.
En Octubre, toma los bueyes y cubre.
Nadie se meta donde no le llaman.
Más bien poco correctamente que mucho incorrectamente.
El de las piedras hace pan.
El que da, recibe.
El lechón de un mes, y el pato, de tres.
Mal reposa la vida dudosa.
No hay hombres pobres, sino pobres hombres.
Quien se mete a maromero, se puede romper el cuero.
El ojo del amo engorda al caballo.
Unos visten el altar, para que otros digan la misa.
La cerda vistiendo seda, igual de marrana queda.
Aseada aunque sea jorobada.
Nunca pongas el arado antes de los bueyes.
Lo que hace el burro, pare la burra.
Dedo encogido, no rebaña el plato.
Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.
Al que tiempo toma, tiempo le sobra.
Abad y ballestero, mal para los moros.
La lluvia moja las manchas del leopardo pero no se las quita.
Busca la mujer pastora; que ella se hará señora.
O jugamos todos, o se rompe la baraja.
Arrimarse a la boca del lobo es de hombre bobo.
Quien hace un cesto hace cien.
Buena mula, mala bestia.
Quien bien siembra, bien coge.
Por las cuentas del rosario, puede subir al pecho el diablo.
Hermano mayor padre menor.
Para San Antón, gallinita pon.
Cuando dude, no saludes.
Lo que se regala y se quita se vuelve cuita.
Fiado y bien pagado, no disminuye estado.
A casa de tu hermano no vayas de ordinario, y menos si es casado.
Cuenta treinta y tres antes de decir, y noventa y nueve antes de escribir.
La marcha instruye al asno.
Si ves a un hombre cargado, no preguntes si es casado.
Enero, claro y heladero.
No tenemos para pan, ¿y lo gastaremos en tafetán?.
Llueve a cargas, que hecho está donde caigas.
Una sola mano no basta para subirse a la palmera.
La razón la tiene Sansón.
Las enfermedades son el impuesto que se paga por los placeres prohibidos.
Campana cascada, nunca sana.
Quién no gusta del vino, tiene otros peores vicios.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Manos duchas comen truchas.
El hablar mismo idioma.
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.