Nuestros conocimientos pueden llenar el imperio pero nuestros amigos caben en el puño
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.
Tres estornudos, resfriado seguro.
A jugar y perder, pagar y callar.
Al amigo con su vicio.
Como mi hermano, que entró de mozo y salió de amo.
Mujer hermosa, mujer vanidosa.
El vino es un traidor: primero es amigo y después, enemigo.
El toro y el melón, como salen, son.
Es mucha la totuma para tan poca agua
El que tenga sus gallinas, que las cuide del coyote.
Mejor haber soplado con fuerza, que tener la boca quemada.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
No es la vaca que grita más fuerte la que da más leche.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
El padre para castigar y la madre para tapar.
Mallorquina, puta fina
No digas que va a llover, sin sentir gotas caer.
Febrero, siete capas y un sombrero.
A cualquier cosa llaman rosa.
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Roma, acuerdos y locos doma.
Cuando llueve y hace frío , hace la vieja su vestido.
El que habla de la mar, en ella no suele entrar.
A tal amo tal criado.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
Dar gato por liebre, no solo en las ventas suele verse.
Hay gente que le das la mano y te agarra el pie.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
Alábate, polla, que has puesto un huevo, y ese, huero.
A largos días, largos trabajos.
Las indirectas del padre Cobos.
El que antes muere, antes lo entierran.
La cana engaña, el diente miente pero arrastrar los pies eso si que es vejez.
El peje que olió el señuelo, ya no se traga el anzuelo.
La lluvia no se queda en el cielo.
La fe infundada en la autoridad no es fe
La noche es capa de pecadores.
Zurra que te zurra y así andará la burra.
Dos hijas y una madre, tres demonios para un padre.
Unos por otros, la casa sin barrer.
La mujer es como la huella: Siempre parece mejor la de al lado.
El que quiera vivir poco, y ese poco con dolor, tome a la noche naranja y a la mañana limón.
Las grandes obras de las instituciones las sueñan los santos locos, las realizan los luchadores natos, las aprovechan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos.
El que las sabe, las tañe.
Hombre anciano, cuando muere poco llorado.
El más cruel fastidio, no vale un suicidio.
Los cántaros que más suenan son aquellos que están vacíos.