Los esparragos de Abril, para mi; los de Mayo, para el amo y los de Junio, para el burro.
A dos puyas no hay toro bravo.
Pájaro triguero, no entra en mi granero.
Muerte la gata, los RATONES bailan.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
Quien tenga coraje, que no se rebaje.
Con putas y bretones pocas razones.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
De la buena hierba me libre Dios, que de la mala me libro yo.
Matanga dijo la changa.
Donde hay miedo hay poco lugar para el amor
Vámonos muriendo todos que están enterrando de gorra.
Si las paredes hablaran.
No se disparan flechas a una cara sonriente.
A buen bocado, buen grito.
Antes son mis dientes, que mis parientes.
No es vergonzoso preguntar, es vergonzoso no preguntar.
Al trabajo, yerno, que viene el invierno.
Panal de miel las palabras amables, dulzura para el alma y medicina para el cuerpo.
Sacar lo que el negro en el sermón: los pies fríos y la cabeza caliente.
Cuenta tu pena a quien sabe de ella.
Cachetón en cara ajena, cara cuesta la docena.
Yo soy un señor, tú eres un señor, él es un señor, somos todos señores, ¿pero quién almohaza al caballo?
Zarajo y ajo arriero, en Cuenca lo primero.
El cosechar y disponer de provisiones puede durar por largo tiempo.
El amor que se lleva el viento, que te sirva de escarmiento.
A la una, que bien que mal, en cada casa comido han.
Hacer favores, empollar traidores.
Ni cena sin vino, ni olla sin tocino.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
El que te cuenta los defectos de los demás, contará a los demás tus defectos.
O faja o caja.
Las obras, con las sobras.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Las paredes oyen.
Buena olla y mal testamento.
Mientras novia, reina; cuando mujer, sierva.
Humo y mala cara, sacan a la gente de casa.
Como el culebrón de majano, que tira la piedra y esconde la mano.
En todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas.
Escucha tu corazón... que sabe.
Ni de burla ni deberas, con tu amo no partas peras.
Quien no es para más, de hambre en su tierra perecerá.
Las penas con pan son buenas.
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
Gato, rey y mujer, no saben agradecer.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
Esas perlas, perdónalas, por tener que engarzarlas.
Huye del mulo por detrás, del toro por delante, y de la mujer por todas partes.
El que muda de amo, muda de hado.