Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
De dientes pa'fuera.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
Del mal que uno huye, de ese muere.
Con pan, vino y carne de cochino, se pasa bien el mal camino.
El necio dispara pronto sus dardos.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Arroz pasado, arroz tirado.
Yo soy Duero, que todas las aguas bebo; si no es a Guadiana, que se va por tierra llana, y a Ebro, que no lo veo, y a Guadalquivir que nunca le vi.
Regla para bien vivir, callar después de ver y oir.
Al cabo de los años mil, vuelven las aguas por donde solían ir.
Lo tragado es lo seguro.
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
Amor loco, yo por vos, y vos por otro.
El que duerme en Mayo que duerma todo el año.
Váyase lo ganado por lo perdido.
Amor de niña, agua en cestillla.
Quien siembra, siega.
Carne blanda y vino puro, alimento seguro.
Quien miente, pronto se arrepiente.
El perro le manda al gato, y el gato a su cola.
Los pecados de la juventud se pagan en la vejez.
Cuando veas relámpagos prepárate para la tormenta
También de alegría se puede morir
Ya va el galgo cerro arriba, harto de corteza y miga.
Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Por rey se tenga quien a nadie tema.
Lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo que se debe.
Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
El trabajo cazurro, solo es para los burros.
El que nace para pito nunca llega a corneta.
De bobos y bobas se hinchan las bodas.
Olla quebrada, olla comprada.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
A quien le dan pan que no coma.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
Ni musa sin jarra, ni enamorado sin guitarra.
Saber de pobre no vale un duro
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
Un traguillo de vino de cuando en cuando, y vamos tirando.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
Este navega con banderita de pendejo.
Donde veas a todos cojear, debes a lo menos renquear.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
Donde las leyes flaquean, los pillos se pavonean.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.