Pelean los toros, y mal para las ramas.
Mendigo y carbonero oficio de pocos dineros.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
Joven es quien está sano aunque tenga ochenta años, y viejo doliente, aunque tenga veinte.
Pato, ganso y ansarón, tres cosas son, y una son: cochino, puerco y lechón.
Muchas hormigas matan un camello.
Saca lo tuyo al mercado: uno dirá bueno y otro dirá malo.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Ni me fío de gabacho, ni de alcahuete macho.
La mujer es como la guitarra, si no la tocan no suena.
Guay de gachas, a tal hora comidas y con punta de alfiler.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Quien cede el paso ensancha el camino.
Planta eucaliptos para ti, pinos para tus hijos y robles para tus nietos.
Cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo espanta moscas.
Falsos diamantes no engañan a nadie sino en pueblos grandes.
Ni aunque estudie en Salamanca, se hace la prieta blanca.
Leche y vino, veneno fino.
La casa compuesta, la muerte a la puerta.
El hablar mismo idioma.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
No hay alegría sin aburrimiento
De las mujeres bellas y de las flores de mayo se va la belleza en un día
Hurta y reparte, que es buen arte.
Nuestros padres, a pulgadas, y nosotros, a brazadas.
Llamame tonto y dame pan.
El cielo no cierra completamente el camino a los hombres.
Dos fuentes, dos ríos.
El gorrino y la mujer, acertar y no escoger.
Bragueta abierta pájaro muerto.
El amor devuelve a los viejos sabios a la infancia
Cortesías engendran cortesías.
Bien reza, pero mal ofrece.
La confianza da asco
Casa oscura, candela cuesta.
Orejas de burro.
Al romero que se le seca el pan en el zurrón, no le tengas compasión.
El que no ha visto que vea y el que ya vio que compare.
Donde me va bien, ésa mi patria es.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
El cobarde vive, el valiente muere.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
La casa de Celestina, todos la saben y nadie la atina.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
Aunque callo, irse han los huéspedes y comeremos el gallo.
¿Quién decide cuando los médicos no se ponen de acuerdo?
Al miedo plata; y al amor cariño.