El que pide en exceso, le dan lo que envuelve al queso.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
Pato, ganso y ansarón, tres cosas son, y una son: cochino, puerco y lechón.
Ni me fío de gabacho, ni de alcahuete macho.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Mendigo y carbonero oficio de pocos dineros.
Pelean los toros, y mal para las ramas.
Por Santa Catalina, respigos y sardinas.
Saca lo tuyo al mercado: uno dirá bueno y otro dirá malo.
La mujer es como la guitarra, si no la tocan no suena.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Quien cede el paso ensancha el camino.
Guay de gachas, a tal hora comidas y con punta de alfiler.
Cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo espanta moscas.
Planta eucaliptos para ti, pinos para tus hijos y robles para tus nietos.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Llamame tonto y dame pan.
Falsos diamantes no engañan a nadie sino en pueblos grandes.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
Nuestros padres, a pulgadas, y nosotros, a brazadas.
La casa compuesta, la muerte a la puerta.
No hay alegría sin aburrimiento
El amor devuelve a los viejos sabios a la infancia
El cielo no cierra completamente el camino a los hombres.
El hablar mismo idioma.
De las mujeres bellas y de las flores de mayo se va la belleza en un día
Leche y vino, veneno fino.
Ni aunque estudie en Salamanca, se hace la prieta blanca.
Dos fuentes, dos ríos.
Hurta y reparte, que es buen arte.
La confianza da asco
Cortesías engendran cortesías.
Casa oscura, candela cuesta.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
El gorrino y la mujer, acertar y no escoger.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
El cobarde vive, el valiente muere.
Orejas de burro.
Al romero que se le seca el pan en el zurrón, no le tengas compasión.
El que no ha visto que vea y el que ya vio que compare.
Bragueta abierta pájaro muerto.
¿Quién decide cuando los médicos no se ponen de acuerdo?
Bien reza, pero mal ofrece.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Donde me va bien, ésa mi patria es.
La casa de Celestina, todos la saben y nadie la atina.
Aunque callo, irse han los huéspedes y comeremos el gallo.
Gallina que canta, de poner viene.