Plata en mano, culo en tierra.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
Higos y nueces no se comen juntos todas las veces.
Libros cerrados, no hacen letrados.
Date buena vida, temerás más la caída.
Que sabe de amores, el que nunca se ha casado.
Deja que tu ira se ponga con el sol y asegúrate que no vuelve a amanecer la mañana siguiente.
La mala suerte es pelota, que pega pero rebota.
Más vale que los dientes no riñan con la lengua.
No pica la abeja a quien en paz la deja.
No desprecies el consejo de los sabios y los viejos.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
Hablar poco y mal, es mucho hablar.
Gallina vieja da buen caldo.
Más vale acostarse sin cena que levantarse con deuda.
Gozo anticipado, gozo malogrado.
Repara en la casa ajena, y hallarás chica tu pena.
Al rico, los amigos le son enemigos.
Si la moza es tosca, bien ve ella la mosca.
En arca de avariento, el diablo yace dentro.
Volverse la albarda a la barriga.
La flor no se conserva roja cien días.
Lo de balde es caro.
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
Paciencia piojo que la noche es larga.
Un señor sí y un señor no, son dos señores.
Por la víspera se conocen las fiestas.
Bien vengas, mal, si vienes solo.
La fortuna es madrina de los necios.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Quien dinero tiene, come barato y sabio parece.
Piensa la araña que todos son de su maña.
Quien no se arriesga, no pasa la mar.
Cuando los hombres son amigos el agua que beben es dulce
No es ni chicha ni limonada.
¿Qué necesidad hay de dar los cuartos al pregonero?.
Compra de quién heredó, que barato te lo dará, pues regalado lo recibió.
La virtud en sí es un premio
Caja que tuvo alcanfor, quédale el olor.
El matrimonio es como el flamboyán, empieza con flores y termina con vainas.
Dios nos libre del día de las alabanzas.
Quien tiene boca se equivoca pero el que tiene seso, no dice eso.
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.
En el sendero nuevo, camina lentamente.
Si quieres buenos nabos, por Julio has de sembrarlos.
Si un desgraciado sube a una montaña, las piedras le caen encima, incluso de abajo hacia arriba